El misterio electrizante de Anne Sexton

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Anne Sexton

Anne Sexton nació en Newton, Massachusetts (1928-1974). Tuvo una vida marcada por el maltrato por parte de su padre y su marido. Además sufría un trastorno bipolar y había intentado suicidarse meses antes de descubrir la poesía. Como parte del tratamiento, su psiquiatra la animó a escribir. Y en 1960 publicó su primer libro de poesía.

Se matriculó en un curso de escritura que impartía en Boston el poeta Robert Lowell. Allí coincidió con Sylvia Plath, que tenía entonces 27 años y estaba a punto de publicar su primer poemario. Dicen que a la salida de clase iban juntas a beber martinis al Ritz, quién pudiera verlas por una ventanita…

Revolucionó la poesía estadounidense abordando temas tabú como la menstruación o el adulterio y recibió premios como el American Academy of Arts and Letters Award, el Shelley o el Pulitzer. Profesora de la Universidad de Boston desde 1964, y a pesar de su éxito, se suicidó diez años más tarde, alimentando el mito de esta escritora de palabras enigmáticas y electrizantes.

Tú gaviota que surges de mi espalda en los sueños que prefiero,

permanece cerca de mí.

Pero dame el tótem. Dame el ojo cerrado

donde permanezco de pie en mis zapatos de piedra mientras

la bicicleta del mundo se aleja.

Anne Sexton

El asesino y otros poemas, editorial Icaria (2007)


Poema para dar coraje a un héroe

A Juan Yeregui, con todo mi cariño

 

Ni esos partidos

que tanto te emocionan

ni esos deportistas de élite

que tanto admiras.

 

El verdadero mérito

es

el de tu lucha diaria.

El auténtico valor

es aquel con que enfrentas

la batalla verdadera

que se libra en tu cuerpo.

 

A tanto coraje, igual admiración.

 

Ahí, el héroe. Ahí, la medalla.

 

Itziar Ancín

 


Bilaketa de Aoiz: 40 años con la poesía

A lo largo del mes de noviembre, el grupo cultural Bilaketa de Aoiz, fundado y presidido por Salvador Gutiérrez, celebró su 40 aniversario.

40 aniversario Bilaketa

Encuentro de poetas vinculados a Bilaketa de Aoiz. De izquierda a derecha: María Cano, Javier Olivar, Ana Jaka, Itziar Ancín, Alfonso Pascal Ros, Salvador Gutiérrez y Javier Asiáin.

En estos años, Bilaketa ha apoyado la poesía en Navarra por medio de concursos de renombre, con José Hierro como uno de los miembros incondicionales del jurado; publicaciones a autores noveles, principalmente a través del premio Francisco Ynduráin; cursos y tertulias literarias.

Fue un honor acompañar a Salvador Gutiérrez durante uno de los actos del ciclo  en un recital por este 40 aniversaro de Bilaketa, junto con Javier laforet, María Cano, Eduardo Labeaga y el cantautor Alberto Rodríguez Purroy, para revivir los años dorados del Aula de Literatura de la Casa de la Juventud de Pamplona.

Fueron años repletos de encuentros, de versos compartidos, de recitales y libros, como la Antología navarra para este 98, cuya presentación preparamos con tanto mimo (yo me convertí en una madre embarazada ni más ni menos que del Mundo, para recitar un poema de María Cano a dos voces, y ella fue mi alter ego, lanzando harina y arena al aire para recitar el mío), y de las revistas Iruñean behin, Una vez en Pamplona. Y por supuesto, fueron años de amistad, y todas estas cosas que tanto debemos a Salva.


Arder en el teatro, con Mouawad

Presenciar Incendios, de Wajdi Mouawad, es arder en el teatro. Y también ser un diluvio, todo a la vez.

Este dramaturgo nació en Líbano y se exilió en Canadá a los 8 años a causa de la guerra. Sus textos reflejan el dolor que arrastra en su biografía y son poesía pura, en eso recuerda al mismísimo Lorca. Pero a su vez, en su obra se vive la tragedia griega, trasladada al mundo actual, y cercana por tanto de un modo cortante, como el filo de un cuchillo, al espectador.

En Incendios, tras años de silencio, una mujer al morir deja un encargo inquietante a sus hijos: deben seguir las pistas que van a conducirles a descubrir la verdad sobre su madre y sobre sí mismos. Una verdad terrible, digna de la más terrible de las tragedias griegas. Incendios forma parte de una trilogía, escrita originalmente en francés: Littoral, Incendies y Fôrets, de once horas de duración en total.

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Pero lo esencial es cómo se cuenta la historia. Mouawad conmueve con el fondo y con la forma, solapando escenas de un modo novedoso y envolvente, donde no hay cabida para perder el hilo del relato ni para bajar un ápice la tensión narrativa. Los protagonistas de una escena comparten espacio con los de la siguiente: en una sola escena simultanea épocas y lugares, resolviendo varias escenas en una, logrando una flexibilidad narrativa sutil y fascinante.

En esta producción del teatro la Abadía, que tuve la suerte de presenciar en el teatro Gayarre de Pamplona, Nawal fue interpretada por Nuria Espert, quien estuvo rodeada por un elenco de actores de la talla de Ramón Barea, Laia Marull, Carlota Olcina, Alex García o Lucía Barrado, a la altura del texto dramático, todos ellos bajo la dirección de Mario Gas.

Arder en el teatro y ser el diluvio a la vez…


Tres mujeres, de Silvia Plath

Tres mujeres, editado por primera vez en 1968, es un poema a tres voces de la estadounidense Silvia Plath que tiene como tema central la maternidad. Cada voz representa una forma diferente de vivirla: la mujer que desea ser madre, la que sufre por no poder serlo y la que lo es a su pesar. Plath, con un lenguaje claro y directo y a la vez cargado de lirismo, logra que nos pongamos en la piel de estas tres mujeres.

La poeta concibió este poema para ser leído en voz alta, y en 1962, un año antes de su muerte, lo leyó en la BBC. La experiencia supuso un cambio de dirección en su escritura: desde entonces concebiría los poemas para ser recitados.

La edición de Nórdica libros de Tres mujeres (2013) es una conjunción perfecta entre poemas e ilustraciones: la aportación plástica de Anuska Allepuz potencia y acompaña la belleza de los versos, y ayuda al lector a sumergirse en el clima que cada poema requiere. Al ser bilingüe permite además disfrutar del lenguaje poético original de su autora en inglés.

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Sylvia Plath (Boston, 1932 – Londres, 1963), junto con Anne Sexton, es considerada una de las principales representantes de la poesía confesional, iniciado por Robert Lowell y W. D. Snodgrass. Ambas eran compañeras en el taller de escritura que Lowell impartía en la Universidad de Boston.

Se suicidó en 1963 y tras su muerte, su marido, el poeta Ted Hughes, se encargó de la edición de su poesía completa, que censuró para ocultar supuestamente el dolor que éste le causó por su infidelidad.

 


Isabel García Mellado se cuela por las rendijas del espacio-tiempo

Isabel García Mellado (1977) es una poeta madrileña que debutó con el poemario Tic tac, toc toc (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2009), al que han seguido siete libros más, todos ellos con hermosísimos títulos, por ejemplo: Cómo liberar tigres Blancos (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2010) o La traductora de incendios (Valparaíso Ediciones, 2014).

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Isabel García Mellado.

Su poemario más reciente es La casa de la cruz (Editorial Visor, 2016), poemario ganador en noviembre de 2015 del LXII Premio de poesía Ciudad de Burgos. También ha participado en el documental “Se dice poeta” de Sofía Castañón.

Su voz estremece, llena de luz, de imágenes y sugerencias que se cuelan como un susurro por todas las rendijas del espacio-tiempo.

El siguiente poema fue publicado en la antología Ultravioleta. Poesía ilustrada (2015) de Uxúe Juárez y Uxúe Arbe.

hoy

que mis monstruos son todos de papel

me voy a demorar en las frases que forman mis contornos con tus pliegues

mientras la tormenta se atraganta de lunes en un martes

sobre el resto de la gente

hoy

que queda un día para que sea mañana

y yo pueda saber qué significa mañana contigo

he conseguido salvar mi caja de madera del naufragio

y tú

parado en la ventana borras la lluvia

para traérmela en tus manos y en tu lengua

y así

yo

pierda el miedo de volver a ser naufragio

y tú te metas dentro de la caja de madera

y te salgas fuera

y yo

te deje

y yo

sea las gotas de esa lluvia

besándote la cara arriba abajo

hoy

que sólo queda un día para mañana

a mí aún me quedan restos de pelusas en la garganta

que tú sacudes como sombras y así

tú ventana y yo tu lluvia

yo tu voz tu espalda el sudor de la luna

soy dibujo de secretos que habitan  detrás de mi silencio

para que tú termines encontrando la llave de mi abismo

y luego correr del teléfono a los bares al colchón

y ser tu cuerpo

que protege del naufragio mi caja de madera

o ser la caja de madera en que te guardes

de todas las tormentas

y hoy que sólo queda un día para que sea mañana

y yo

recuerdo el dulce manotazo

con que me desnudaste por completo

y así

mi piel temblándonos el tiempo

que no, que a mí no se me pasan

ni la lluvia ni la magia ni la niña

ni la puta ni la herida

ni tú recuperándome de agua o yo

bañándote la cara con lo que tú

y hoy,

ya va a llegar mañana y tú

vas a encontrarte también tú

frente a un significado tan sencillo como es

saber lo que es mañana

y ser mañana

y ser conmigo

Isabel García Mellado


Martha Asunción Alonso o la magia de las palabras

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La primera vez que leí a Martha Asunción Alonso (Madrid, 1986) me ocurrió algo insólito: tuve la impresión de que sus versos me salpicaban de colores, como si sus vocales estallasen sobre mí. Nunca antes me había ocurrido algo parecido. Pensé que era una auténtica maga de las palabras. Y la forma atraviesa junto con el fondo, y explota por dentro, hasta la emoción.

Esta poeta ha publicado los poemarios Cronología verde de un otoño (2009, Ediciones UCM), Crisálida (2010, Editorial Alhulia), Detener la primavera (2011, Ediciones Hiperión), La soledad criolla (2013, Ediciones Rialp) y Skinny Cap (2014, Libros de la Herida). En 2012, Detener la primavera recibió además el Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

A continuación comparto un poema que forma parte de la antología No tan joven (2005-2015), publicada en 2015 por Ediciones del 4 de Agosto, que pertenece al poemario La soledad criolla, (RIALP, 2013).

 

Tocarte

 

 

Tanto poema por no poder tocar,

tener manos pequeñas para tu corazón.

No alcanzo aquel columpio de las fotografías,

universo simétrico, las dobles

sombras rubias. Te recuerdo pasando las hojas

de tu vida. Y una nube de té.

Entonces nos conocíamos apenas.

Tampoco eso ha cambiado, ni mi altura:

es demasiado el aire y yo no alcanzo,

no alcanzaré jamás a darte agua.

Créeme si te digo

que no quise tocarte de otro modo.

Como quien llena un vaso,

como si de tus sueños dependieran

los nenúfares. La piel

nunca fue lo importante.

 

Martha Asunción Alonso