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“Veleros que parecen gaviotas”, de Tere Irastortza

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La poeta guipuzcoana Tere Irastortza,  en Tabakalera.

La poeta Tere Irastortza (Zaldibia, 1961) ha publicado este verano el poemario bilingüe en castellano y en euskera Veleros que parecen gaviotas dentro de la colección Planeta Clandestino de Ediciones del 4 de Agosto. Y tuve el placer de compartir con ella presentación y lectura de poemas en Logroño, la capital poética del verano, en el festival Agosto Clandestino.

Su último libro es una selección del poemario Mundua betetzen zenuten (Colmábais el mundo), editado por Pamiela en 2015, en que plasma aquello que no puede expresarse sino rompiendo el lenguaje y traspasando el umbral de lo vivido desde la fragilidad.

Algunos de los poemas de este libro son profundamente conmovedores. Otros son breves destellos, pinceladas de luz y emoción, que explican más allá de la lógica y de lo visible, aquello que no está en los diccionarios ni en los tratados científicos porque allí no tiene cabida.

Tere Irastortza cuenta con una extensa y reconocida obra poética en euskera. Recibió el Premio de la Crítica de España en 2004 y fue finalista del Premio Nacional de Poesía por su poemario Glosak. Esana zetorrenaz (Glosas. Sobre lo que estaba dicho; Pamiela, 2003).

Por otra parte, ha traducido al euskera poemarios de Marià Manent, Edmond Jabès y Marina Tsvietaieva. También ha participado en la creación de varias revistas literarias y es colaboradora habitual de la revista Argia. Su gran inquietud y compromiso con las letras le ha llevado también a crear la Escuela de Escritores de Bergara, en la que es directora y profesora.

 

Más abajo comparto uno de los poemas de su último libro:

Transformaciones

Vaya, finalmente tu móvil se ha estropeado,
por supuesto, cuando más necesario era, aunque con todo y de alguna manera
sabrás amoldarte, insertándole alguna tarjeta en desuso
y reanudarás lo que abandonaste la víspera;
de modo que aun a trancas y barrancas, persistes, otro poco.

En otra ocasión, vuelves a perder el mando,
digo, el chisme ese que abre el garaje
y sin detenerte a buscarlo,
optas por dejar el auto fuera,
pues total, ya ha pasado el invierno
y el tiempo parece que no se presentará ni tan malo,
y es que, además, tarde o temprano, y cuando menos te lo imagines,
esa llave acabará por aparecer en algún bolsillo.

Y en esas, en un estrecho pasaje,
te asustas, acabas de escorarte hacia una pared
y de perder el espejo derecho.
Y aunque para conducir no hay que girarse constantemente,
y basta con mirar hacia delante,
te amoldas y continúas avanzando, vigilando siempre, eso sí, los laterales;
la cuestión no es otra que seguir avanzando.

Hasta que, en una de éstas, el móvil estropeado,
el auto siempre fuera del garaje y sin espejo derecho,
te encuentras vigilando la parte posterior desde el retrovisor.

Según avanzas
presientes que la muerte desea adelantarte.
Vas siguiendo a una ambulancia, recuérdalo…
Acéptalo, ha muerto tu padre.

Acepta
que es por eso por lo que ni recuerdas dónde queda el próximo restop
en el que pudieras detenerte y romper a llorar.
De una tarea a otra,
es imposible abandonar el carril de aceleración que te expulsa
del mundo que amas,
y una vez más,
habrás de llorar en el auto.

Y acéptalo, de una vez,
eres una mujer que llora en el auto,
y es que aunque el camino la conduzca
ha perdido el rastro.

Tere Irastortza, Veleros que parece gaviotas (Colección Planeta Clandestino. Ediciones del 4 de Agosto, 2017)

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La tristeza luminosa de Fernando Luis Chivite

Chivite

Fernando Luis Chivite

 

Fernando Luis Chivite (Pamplona, 1959), ganó el Premio Literario Ciudad de Irún en 1998, con Calles poco transitadas. Pero el destino lo ha puesto en mis manos estos días, y lo he leído con asombro y emoción.

Su tono hermoso, filosófico, de una tristeza luminosa, me transportó, desde algún lugar remoto, hasta la maravillosa novela Rue des boutiques obscures (Calle de las tiendas oscuras) del novelista francés y Nobel de Literatura Patrick Modiano, ganadora del Goncourt en 1978.

El poeta dedica el libro a su hija, como una especie de testamento futuro dirigido a ella, que recuerda a las Palabras para Julia de José Agustín Goytisolo que cantara Paco Ibáñez. Un tesoro que vale la pena desempolvar.

Comparto aquí uno de los poemas del libro, que habla por sí solo:

 

Lagartos y raíces

 

La chica de la blusa de corazones negros

y la melena echada hacia delante

estaba en el bar tomando algo.

 

Parecía muy joven— desde luego

era menor de edad— aunque en verdad

lo que menos me importa ahora es saber

si eran catorce o quince los años que tenía,

en esa época

cualquier chico podía pedir alcohol

en una barra.

 

Estaba allí, sola frente a ese vaso,

no creo que importe nada más.

Era una chica joven con una cara

muy bonita. Sin embargo

allí estaban también aquellos ojos suyos.

 

Aquellos ojos helados, cuya enorme tristeza

— o cuyo vacío—  tanto me sorprendió.

Tanto y tan duramente

que todavía ahora,

después de unos diez años,

los recuerdo.

 

No sé por qué te hablo de esto.

Por aquel entonces

yo también era joven y buscaba

en el extravío una especie de luz.

Quizá por eso sé

que no voy a ponerme en tu camino.

 

Te llegará el momento

y tendrás que largarte, pensarás

que el mundo es grande

y lleno de posibilidades y promesas,

y estará bien sin duda

que salgas y lo veas con tus ojos.

 

Yo no voy a ponerme en tu camino,

sólo voy a decirte unas palabras

que escuché hace algún tiempo a un individuo

que vivía solo en un desierto

y que se alimentaba de raíces

y lagartos:

si sabes dónde está tu hogar

lo sabes todo, eso dijo.

Era un tipo curioso

que fabricaba sus propias vestimentas

y sonreía durante toda la entrevista

igual que un ángel loco.

 

Pero volviendo a la chica del principio

supongo que lo que en verdad me sorprendió

—o me aterró— de aquella escena

fue que pudiera expresas tanto dolor

con sólo estar allí sin hacer nada.

No tendría más de dieciséis en cualquier caso

y no decía nada.

Sencillamente estaba.

 

A esa edad no es difícil hallar dolor en todo,

estar perdido, no encontrar

ningún camino, no saber a dónde ir

ni cómo regresar.

 

Fernado Luis Chivite, Calles poco transitadas, Premio Literario Ciudad de Irún 1998.

 

 

 


“Gloria a Gloria” celebra el centenario de Fuertes

La Antología en homenaje a Gloria Fuertes Gloria a Gloria, publicada este verano por Ediciones del 4 de Agosto, es el número 201 de la colección Planeta Clandestino, y en él, Sonia San Román ha seleccionado textos de distintos poetas que tuvieran influencia de la célebre escritora, en el marco del centenario de su nacimiento, que se celebra este 2017.

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Gloria Fuertes.

Zapatos, de Gracia Iglesias, es uno de los poemas que muestran la influencia de su poesía en las generaciones que aprendieron a jugar con las palabras a través del humor y la delicada profundidad de la gran Gloria Fuertes.

 

Zapatos

Estos zapatos tienen hipo

y me hacen tropezar a cada instante.

Caigo de cara contra el tiempo

y ruedo horas abajo hasta que me hundo

en un charco de días estancados.

La hierba crece en torno a mis tobillos.

Ahora

el suelo abre sus fauces

y engulle la pisada.

No puedo liberarme aunque lo intento;

los guantes de mis pies se aferran a su huésped,

creo que es un complot de las hebillas.

Al fin,

después de siglos

o meses

o segundos,

logro elevar mi pierna y dar un paso.

Camino.

La resaca me aprieta el dedo gordo.

Sospecho que al tacón le duele la cabeza.

Mejor será que ahora

permita que descansen unos días

debajo de mi cama.

Por mucho que lo pienso no llego a comprender

por qué se emborracharon mis zapatos.

Gracia Iglesias (Sospecho que soy humo, Torremozas, 2002). Premio Gloria Fuertes de Poesía Joven.

 


“¡Poesía soy yo!”, Gloria Fuertes dixit

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Gloria Fuertes, en los años 50, recorriendo Madrid en su Vespa.

Este 2017 se cumple el centenario del nacimiento de Gloria Fuertes. Por eso, esta tarde le rendimos en Pamplona un merecido y anhelado homenaje.

En apariencia sencilla e inocente, pero ácida y profunda, feminista y social, nos acompañará siempre, la poesía de Gloria Fuertes.

Tuvo una vida inusual, especialmente para una mujer de su época que no accedió a los estudios. En 1950 organiza una biblioteca infantil ambulante por pequeños pueblos, llevando libros adonde éstos no llegaban por falta de dinero o por el analfabetismo que existía en España. En 1951 junto a Adelaida Lasantas, funda el grupo femenino Versos con faldas que se dedica durante dos años a ofrecer lecturas y recitales por cafés y bares de Madrid. Desde 1961 a 1963 reside en los Estados Unidos al obtener una beca Fullbright de Literatura Española, impartiendo clases en universidades. En 1972 obtiene una Beca March para Literatura Infantil, que le permite dedicarse por entero a la literatura.

Después de un sinfín de libros publicados, obras teatrales representadas y otros tantos reconocimientos, a mediados de los años 70 colabora en diversos programas infantiles de TVE, siendo Un globo, dos globos, tres globos y La cometa blanca quien la convierte en una escritora infantil popular y muy querida. En 1975 su libro Cangura para todo fue galardonado con el diploma de Honor del Premio Internacional de Literatura Infantil Hans Christian Andersen, lo que la situaba entre los grandes autores universales de literatura infantil.

Pero su poesía destinada al público adulto es quizá la menos conocida. Este año en que celebramos su centenario, se nos brinda la excusa perfecta para recuperarla.

 

Cuatro mil millones

mis vecinos de la tierra,

cuatro mil millones

y yo sola en mi azotea.

Historia de Gloria

 

He dormido

He dormido en el andén del metro,

—por miedo al despellejo de metralla—,

he dormido en el borde de la playa

y en el borde del borde del tintero.

 

He dormido descalza y sin sombrero

sin muñeca ni sábana de arriba

me he dormido sentada en una silla

—y amanecí en el suelo—.

 

Y la noche después de los desahucios

y los días después del aguacero,

dormía entre estropajos y asperones

en la tienda del tío cacharrero.

 

Crecí, me puse larga regordeta,

me desvelé, pero seguí durmiendo,

llegué a mocita dicen que a poeta,

y terminé durmiéndome al sereno.

 

Y a pesar de estos golpes de fortuna

ya veréis por qué tengo buen talante;

he dormido a las penas una a una,

y he dormido en el pecho de mi amante.

Cómo atar los bigotes del tigre

 

Carta

Aunque es mayo marca diciembre frío

el calendario de mi alma.

Te escribo sin poner señas,

(sin más señas)

a tu apartamento que presiento.

Es hermoso esto de quererse sin conocerse,

así el primer día ya nos querremos mucho.

Como tú, deseo el encuentro.

Hasta el amor que viene, vida mía.

Historia de Gloria

 

Estoy triste y no sé por qué

he bebido amor

y aún tengo sed.

En las noches claras

resuelvo el problema de la soledad.

Invito a la luna y con mi sombra somos tres.

 

Gracias, amor, por tu imbécil comportamiento

me hiciste saber que no era verdad eso de poesía eres tú

¡poesía soy yo!

Historia de Gloria. Amor, humor y desamor


Escribir poesía o aprender a ladrar con Olga Novo

Olga Novo (Lugo, 1975) escribe una poesía animal, donde su cuerpo y la tierra y el entorno de la Galicia rural, envueltos en una honda ternura que invoca a sus antepasados, conforman un poderoso torbellino de palabras. Mujer y tierra en comunión, bien arraigada a lo vivo, al ternero, a la noche, a la colina y al cosmos,
con su magia incomprensible.

Olga Novo.

En junio de 2013 salió a la luz su antología Los líquidos íntimos (Calamo, 2013), de cuya selección y traducción del gallego al castellano se encargó la propia autora. Recurre a la memoria de la niña huérfana y descalza que fue su bisabuela, y en su palabra poderosa recupera muchas otras memorias acalladas en nuestro paisaje reciente:

que se pudra la raíz del poder
que no te dio de comer.

O cuando vuelve a su raíz de mujer de una larga estirpe:

mis treinta generaciones analfabetas Yo estoy aprendiendo
a ladrar.
(…)
e intento imitar el canto del cuco del cuco de culo al sol
              entonces
mi garganta se exprime de dolor
y aúllan como nunca los futuros posibles que nos abomban las venas
como un cazo de leche vertiéndose en el fuego.

Sus poemarios publicados son A teta sobre o sol (1996), Nós nus (1997, Premio Losada Diéguez de Creación), A cousa vermella (2004) y  Cráter (2011), Premio de la Crítica española. Asimismo, es autora de dos poemarios en colaboración: Magnalia (2001), con el poeta Xoán Abeleira y la pintora Alexandra Domínguez; y Monocromos (2006), con el pintor Concetto Pozati.

 

DANZA DE LA BISABUELA DESCALZA (fragmento)

Pietá pietá
mi bisabuela pasó hambre
y a mí
el calcio del lenguaje
me alimenta los huesos.

Anduvo descalza hasta los dieciséis años
con el arca del pan cerrada con candado
fascinada por el brillo de unas letras
que no entendió nunca.

Desde niña sin querer
me destapo los sesos por la noche
y así siento tus tripas hablándome
como un oráculo

de repente el mundo entra en mí como en un trance
y sé que tu hambre sigue viva:
no conseguiste llevarla contigo
enterrada en la tumba de tu estómago.

No descansa mi bisabuela descalza

me está tragando el abismo
como una acuarela de Turner

estás tú dispuesta a abrir el día
con un azadón
en la cantera
donde las únicas manos de mujer son las tuyas
y desde que sé todo esto
voy rabiosa y tierna por los caminos
clavándome a la verdad como si fuese una aguja

estoy escribiendo esto con tus pulmones
pequeña huérfana
estoy dando a entender tu dolor a mordiscos
lo sabes
desde el más allá
[…]

Olga Novo


Esencias condensadas en posdatas, de Álex Chico

Para celebrar el día de la poesía, un poemario maravilloso lleno de luz y sombras evocadoras como solo pueden hacerlo los clásicos. Un tesoro que desenterrar en pequeño formato, una delicia a la que volver y volver. El poeta es Álex Chico (Plasencia, 1980) y el libro, Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas (La Isla de Siltolá, 2016), que se compromete con la eternidad, como diría Edmond Jabès.

AlexChico

Álex Chico.

El poemario se nos presenta como obra de un supuesto autor mencionado con las siglas E. P., que le confiesa que “la parte esencial de su producción literaria, aquella que estimaba clave a la hora de entender su propia obra, la había condensado en las posdatas de las múltiples cartas que había escrito a lo largo de su vida”, tomadas de una serie de libros del autor, que antologa con indicación del libro al que pertenecían.

El poeta ofrece pinceladas en las que reflexiona sobre la escritura, la memoria o las ciudades y nuestra relación con ellas y recopila algunas citas de distintos autores en torno a estos temas.

IV

Pienso en Maurice Blanchot y me pregunto si al escribir nos hacemos legibles a los demás e indescifrables a nosotros mismos.

XIII

Si buscamos un sentido a todo lo que hemos escrito, tal vez lo acabaríamos encontrando por el camino opuesto. Si hablamos del silencio, lo hacemos para no callar. Si abordamos el lenguaje, será para demostrar que hay cosas que nunca podrán ser pronunciadas. O dicho de otra forma: cuando escribimos sobre la huida, lo que realmente queremos es volver a casa.

XVII

(…) “Lo más extraño del viaje
es no saber hacia dónde se regresa.”
Escribir es volver.

XIX

Todo pasado vuelve. Todo lo envuelve un pasado que no regresa.

LII

La escritura, a veces, no es más que la construcción de una habitación propia desde la que observar el resto de habitaciones. Un lugar cuya motivación principal es conectarse con otras geografías, leídas o escritas. Dondequiera que queden.


Reinos inferiores, de Maite Pérez Larumbe

La poeta navarra Maite Pére Larumbe acaba de publicar en Pamiela un nuevo poemario titulado Reinos inferiores.
Como es habitual en su poesía, en este quinto poemario de la autora, cada poema es una pequeña obra de orfebre, una joyita impecable y minuciosamente pulida.
A través de lo cotidiano, de lo que nos rodea y pasa a menudo desapercibido.
Está lleno de referencias a la naturaleza, a sus leyes, que queremos a veces evitar sin éxito, y también a lo inerte y a la construcción humana, como la Ciudadela de Pamplona.
Comparto más abajo algunos momentos de la presentación del poemario en la librería Walden de Pamplona, en que la autora recita dos de los poemas. Y por último, comparto uno de los que me han resultado más evocadores de este libro.

Guía de viaje

Si buscas conocer, adéntrate en el verde
donde se desintegra la cuadrícula
y el plano arrastra su lona pudorosa.
Silencio, espacio suburbano.
Las palabras que fueron trofeos, rosaledas,
templos votivos, piras funerarias
que el centro desplegó como fausto plumaje,
vano tributo a la ilusión del orden,
crearon la apariencia de que perderse era un rodeo delicioso.
El extrarradio acopia restos de los envases que nutrieron
la fuente de la sed.
Que la garganta seca no halle nombre
que profane el lenguaje de la nada,
mechero roto,
bolsa que el viento nunca hará gaviota,
ignorante la broza de lo áspero calle.
Instrucciones sencillas para el viaje, herramientas precisas.
Toda una vida hacerlas a la mano,
marcar en su rústico mango la presión de los dedos,
hacerlos coincidir al empuñarlas.

Maite Pérez Larumbe