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Las dagas de Ben Clark

La búsqueda de un planeta perdido entre las órbitas de Marte y Júpiter, combinando ciencia y superstición. Dando pasos en la noche del universo tras Ceres, el planeta enano, a golpe de intuición poética. “Hay un patrón furtivo en la mecánica que promete presencias”, dice Ben Clark (Ibiza, 1984) . Aquí, “las matemáticas sugieren y la poesía certifica”, “la noche es negra y densa y las alternativas dan demasiado miedo”, dice el poeta.

 

BenClark

El poeta ibicenco Ben Clark.

Poemas que van más allá, desde los asideros poéticos más tangibles: una casa, un paisaje de la infancia o el momento presente, tenebroso y radiante a un tiempo. Un libro de amor, como son de amor, según él, todos sus poemas.

Ben Clark es el último galardonado con el premio de poesía de la Fundación Loewe por su libro La policía celeste. Un poemario escrito a traición, que esconde una o más dagas entre los peligrosos versos de cada uno de sus poemas-trampa, a los que el lector se enfrenta desnudo y por sorpresa.

En el libro, el poeta dedica unos cuantos versos y algunos de los momentos estelares a su padre: al amor, al gran amor. Un amor conflictivo lleno de diálogos que no suceden. Y después, con el hijo que no nacerá y con la soledad infinita. Para levantar finalmente la vista y mirar a las estrellas.

Su lenguaje es claro, directo, despojado de palabras y metáforas grandilocuentes. Y esas afiladas y finísimas dagas, esparcidas entre las páginas del libro de manera calculada, aciertan en la diana y se clavan una a una en el corazón de quien las lee con un corte limpio por el que entran a raudales la emoción y la ternura.

Clark es también autor del poemario Los hijos de los hijos de la ira (2006) con el que ganó el premio Hiperión en 2005. Larga a vida a sus letales y celestes versos.

 

LOS ROTOS (CON ANNE SEXTON)

Todas las divisiones son mentira
salvo la que divide los cuerpos en dos
grupos incomprensibles entre sí.
Aquellos que se han roto y los que no.
Los rotos no pedimos demasiado:
que se nos quiera, sí,
que los que no han vivido la fractura
tengan paciencia
si mascullamos viendo las noticias
o hacemos el amor
con un poco de miedo.
Entenderás, entonces, ciertas cosas.
Por qué en casa las tazas no se tiran
y por qué a veces quiero
estar solo después de que suene un portazo.
Los ritos de los otros, amor mío.
Ademanes que espero que no comprendas nunca.

 

POKER FACE

oh, oh, oh, oh, oh, oh-oh-e-oh-oh-oh
Lady Gaga

Habla con niños que no existirán.
Pasea por la orilla de los ríos cantando
canciones pegadizas de adolescentes yanquis
y luego vuelve a casa, donde escribe poemas
de amor con versos clásicos y nunca
menciona las canciones ni a los niños
intangibles. Escribe sobre cosas amables
y se pregunta, a veces, si acaso lo peor
que te puede pasar
es morir solo.

 

CERES

Admiro a los amigos que hacen pan
y los cuido y protejo con conjuros
inventados, escribo
poemas en su honor y, si se mudan,
vendo mi biblioteca y doblo mal
la ropa y la introduzco
en bolsas de basura y voy con ellos,
a su barrio, a su calle,
a su mismo edificio si es posible,
y así me dan el pan, el pan que han hecho
esta mañana, anoche, ayer, no importa,
tierno siempre, caliente aunque esté frío.
El pan. Y mis amigos me comprenden
y no se espantan, saben que no sé,
que no puedo, que nada
me gustaría más que no tener
que molestarlos siempre con el mismo
cuento; el pan, vuestro pan, me da la vida,
hace que me arrepienta y que me alegre
a la vez del tratado que firmamos
mucho antes de nacer: habrá personas
fecundas que harán pan, que enseñarán
a sus hijos el truco y que no tienen
a cambio que hacer nada.

Y habrá personas huecas como yo,
hijos sin hijos, nombres moribundos,
que a cambio de una pizca de ese amor
tendrán que proteger a los que saben,
cuidarlos siempre, amar a los que saben
y no pedirles nunca lo que es suyo
y agradecer las migas cuando falte
el pan, y ser amigo cuando no
haya nada de nada y sólo queden
palabras sobre el pan, y si eso ocurre
ser abrazo de roca y ser su barca,
porque esa es su tarea, la tarea
de un hombre que no puede y que no sabe,
pero que ama y comprende los milagros.

 

Ben Clark
La poesía celeste, XXX Premio Internacional de Poesía Fundación LOEWE

 

 

 

 

 

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“Cardelinas”, un “Grito de mujer” para Asun Casasola

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Durante el recital Grito de mujer 2018, en el Planetario de Pamplona

El pasado 1 de marzo, el Planetario de Pamplona acogió el recital “Grito de mujer” que se celebra en numerosos países de todo el mundo en contra de la violencia de género. En esta ocasión, además de poetas, participaron en el acto cantantes, artistas plásticos y una bailarina.

La temática de este año eran las madres que han perdido a su hija por culpa de la violencia de género. Por esta razón escribí un poema a Asun Casasola, madre de Nagore Laffage: esa madre coraje que ha luchado para que no se olvidara la historia de su hija, asesinada como tantas, por ser mujer.

Hace ya diez años de su asesinato a manos de José Diego Yllanes, y en junio tendrá lugar un acto para recordar aquellos hechos a raíz de los cuáles escribí, hace ya 5 años, el poema Ausencia. Cardelinas va dirigido a su madre y a todas las madres que han pasado por algo semejante.

 

Cardelinas                                       

A Asun Casasola;
a todas las madres

Vivaz cardelina que vuela por encima del sol,

que cubre con sus trinos la piel del mar.

¿Dónde quedaron sus 20 años?

Era tan igual a ti.

Todo se lo diste.

 

Luz incandescente que alumbra tu hogar

incluso hoy

diez años después de que el cazador

partiera su cuerpo delicado, su canto radiante

luz de tu casa.

 

Y todo este tiempo

has sostenido en tus manos

las flores hermosas de su alma

has paseado su luz y su canto que fluyen por las calles

a través de ti.

 

Has alzado tu voz

para que pueda oírte este mundo cretino

que disculpa al cazador

y sospecha de las alas

del pájaro que vuela.

 

Itziar Ancín


Palabras de Pablo Müller contra el miedo

Contra el miedo

El primer poemario de Javier Bermúdez.

Pablo Müller (heterónimo de Javier Bermúdez) firma un poemario lleno de emoción y conciencia social que se titula Contra el miedo (Amargord, 2015). El libro lleva en la portada una cautivadora foto en banco y negro de su álbum familiar: una hilera de mujeres jóvenes que atraviesa el río entre risas.

Hace unas semanas el poeta bilbaíno nos visitó en Pamplona y compartimos de nuevo en el Bosquecillo los versos que nos conmovieron ya hace dos veranos en el festival poético Voces del Extremo de Moguer, cuna de Juan Ramón.

Javier Bermúdez es también autor del blog literario Papeles de Pablo Müller, del poemario online Los cuadernos del duelo de Pablo Müller y del Cuaderno de tareas extraordinarias (A Fortiori, 2017), un libro objeto, de una mimadísima encuadernación, que incluye fotos del autor, a medio camino entre la poesía y el diario.

A continuación, uno de los poemas más reveladores de Contra el miedo, o cómo emocionar con palabras, al explicar que la palabra nunca es suficiente:

 

«Somos personas, no cabemos en ninguna palabra.»

Antonio Orihuela

Víctor Ortiz trabajaba en la mina de hierro que arrancó el brazo al hijo Julián, ¿entra en la palabra minero? ¿en la palabra dolor? ¿culpar puede ser un verbo reflexivo?

Marcelina Conde recogía las patatas de la huerta pequeña, rojas y negras, de pólvora y pimienta, para repartirlas luego.

Alfred Nobel pasó junto a aquel lugar, a cada explosión,aullido,  herido, viuda, ganaba más dinero.

Aurelio de Villarroel recibió a Alfonso Borbón, el trece, al pie del andén del ferrocarril nuevo. Unas calles más allá, Pascual Pineda moría, a los 23, olvidado por la familia que le siguió. Fueron juntos a la escuela ¿entra en la palabra jornalero?

Manuela López su madre, ¿entra en la palabra pan?

Francisco Pineda su padre, ¿entra en la palabra trigo? ¿en la palabra obediencia?

Benigno Valencia hacía la guardia en el monte dormido. Le dijeron que esperara a Don Carlos. Nunca llegó, ¿entra en la palabra alfarero?

Florentina Corres dejó dos fotografías con el traje del domingo, ¿entra en la palabra tierra?

Manuel Bermúdez vendió las huertas y cogió el camino hacia el mar, ¿entra en la palabra fracaso?

Lorenza Díez cambió bierzo por lluvia. Murió joven con el miedo. Severo, su hijo, de retirada del Kalamua entró en Gernika de abril abrasada.

Sus relatos construyen los nuestros. ¿Entramos en la palabra contar? ¿Hay memoria para tanta vida?

Pablo Müller, Contra el miedo (Amargord, 2015)


Memoria y poesía de Manuelle Parra

photo-Manuela

La poeta y grabadora francesa Manuelle Parra.

Memoria y poesía para arrancar el año, de la mano de Manuelle Parra, poeta y grabadora francesa, descendiente de exiliado republicano, que acude cada año al festival de poesía de la conciencia Voces del extremo de Moguer, Huelva, la tierra de Juan Ramón.

En esta última edición de 2017, ha organizado la exposición Cajas negras del exilio, que a finales de este año ha visitado también en el Parlamento de Cantabria como parte de la programación de La Surada Poética 2017 que lleva cabo en La Vorágine. En ella se combinan grabados, poemas y fotografías, en un recorrido por la huida, el encierro, la resistencia y la memoria de los exiliados españoles en Francia durante la dictadura.

Fueron unos 450.000 españoles los que huyeron de la derrota y la represión de los ganadores de la guerra iniciada con el golpe de Estado de 1936. El capitán del ejército republicano Juan Antonio Parra cayó herido en el frente del Ebro. En los primeros meses de 1939 huyó a Francia bajo las bombas y comenzó un recorrido por 11 de los llamados campos de internamiento, en realidad campos de concentración, en el país vecino, hasta que logró huir dos años después para unirse a los maquis de la resistencia francesa que luchaban contra los nazis.

Uno de los aspectos más interesantes que recupera Manuelle Parra en ‘Cajas Negras del Exilio’ es el papel que tuvieron la poesía y la cultura en la capacidad de resistencia de los hombres y mujeres en los campos. Su padre, Juan Antonio, copiaba los poemas del Romancero Gitano de Lorca y los compartía en la ‘Barraca de la cultura’ del campo de Argeles-sur-Mer, donde también se pintaba, se hacían esculturas con huesos o trocitos de hierro, o se editaban a mano pequeñas gacetas. Eran sus armas para luchar contra la enfermedad y la desesperanza.

A continuación comparto el fragmento de un poema que forma parte de su libro Les pas d’un exil à l’encre rouge (Los pasos de un exilio en tinta roja). Transcribo el poema en francés, y más abajo añado también mi propia y libre traducción al español:

 

Fille de rouge sur les traces de l’exil

(…) Séparations accumulées

baluchons en guise de bannière

des mains dans les poches pour traverser la frontière

un exil perpétuel, des horizons sans cesse repoussés. (…)

Je suis d’une lignée qui ne courbe pas l’échine

qui pratique la fierté

qui recommence sans cesse des bouts de vie abandonnés.

Aujourd’hui, je connais mon histoire

celle qui mávait été subtilisée et à présent je sais…  (…)

Je suis sur la ligne indécisedúne frontiére mal recousue

je suis de partout et de nulle part à la fois.

Mais je sais que je ne suis surtout pas d’ailleurs.

 

(Traducción al español)

Hija de rojo tras las huellas del exilio

(…) Separaciones acumuladas

petates como estandarte

manos en los bolsillos para atravesar la frontera

el exilio perpetuo, horizonte rechazado una y otra vez.(…)

Soy de una descendencia que no se doblega

que practica el orgullo

que empieza de nuevo sin cesar trozos abandonados de vida.

Hoy conozco mi historia

que me había sido ocultada y ahora sé… (…)

Estoy sobre la línea indecisa de una frontera mal cosida

soy de todas y de ninguna parte

pero sobre todo sé

que no soy de otra parte.

 

Manuelle Parra

 


Andrea Aguirre, mujer-luciérnaga frente al caos

andrea aguirre.jpg

La poeta argentina Andrea Aguirre.

Este verano conocí a la poeta Andrea Aguirre (Buenos Aires, 1980) durante la presentación de su libro ‘Mujer frente al caos’ (La penúltima Editorial, 2017) en el festival Agosto Clandestino de Logroño.

Esta autora cuenta con una trayectoria literaria que se materializa en siete libros: los dos primeros, ‘Lunas de agua’ y ‘Sueños de cristal’, fueron publicados por Ediciones Antígona en 2007.  También ha publicado ‘El ciclo lunar de los paréntesis’ (2012) y ‘La infancia suicida de Verónica Qué’ (2013) en Ártese quien pueda Ediciones, y ‘El mapa de la existencia’ (2015) con Tigres de Papel. Y ‘Mujer frente al caos’ es su último poemario, una auténtica joya sin desperdicio.

Comparto uno de los poemas del libro, que recibí durante su lectura en Logroño como una revelación, y que vuelve a mí, como lo hacen los grandes textos, cada vez que lo necesito:

 

respiras en paz y ves

la vida a través de los ojos

de un poeta que duda

ante el mundo y la nada.

 

no desprecies nunca el caos

de aquellos que dudan de ti;

quizás sus quejas contengan

aquellas preguntas que siempre

anduviste buscando.

 

quizás son aquellos que sufren

quienes muestran la luz desde la sombra

por puro deseo de hallar

una visión más clara

de su interior en penumbra.

 

Andrea Aguirre, de “Mujer frente al caos” (La Penúltima Editorial, 2017).


“Que seas cadáver”, un poema contra la violencia de género

Hoy es el Día internacional contra la violencia de género. En Pamplona nos adelantamos una semana y realizamos nuestra cita anual de Artistas por Juárez en El Bosquecillo para dar voz a las víctimas del feminicidio, para traer a primer plano su recuerdo y cómo no, este año, inmersas como estamos en la vorágine del juicio por la violación de la manada en Sanfermines en nuestra propia ciudad, no necesitamos irnos lejos para condenar la violencia de género. Desgraciadamente tenemos nuestras propias víctimas. También en enero fue asesinada por su pareja Blanca Marqués y arrojada por el puente de piedra de Arre envuelta en una alfombra, en plenas inundaciones.

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Durante el acto Artistas por Juárez en Pamplona.

 

Yo participé con dos poemas: con uno en memoria de esta víctima mortal de la violencia y con otro nacido de la indignación y de la rabia de saber el calvario que está viviendo la víctima de la manada.

 

Que seas cadáver

 

 Un dedo que te apunta y que no ve.

Hay sangre en tu memoria y no la ve

pero dispara hacia ti el dedo de la culpa

no a los asesinos, sino a ti.

 

Porque ellos han matado tanto:

la brisa en las sienes, el brillo de las tardes al sol,

el murmullo de las hojas y el vuelo del ave,

el canto del agua que fluían en tu ser.

 

Pero quieren un cadáver para reconocer que hay muertes.

Quieren ver tu cadáver, tendido en el portal.

Entonces, sí. No hay duda. Si hay cadáver, hay muerte. Entonces, hay asesino.

Y hasta entonces, las sospechas caen sobre ti como lluvia ácida.

Una muerta, quieren.

Hasta el levantamiento de cadáver,

ni compasión ni vergüenza.

 

Itziar Ancín


La tristeza luminosa de Fernando Luis Chivite

Chivite

Fernando Luis Chivite

 

Fernando Luis Chivite (Pamplona, 1959), ganó el Premio Literario Ciudad de Irún en 1998, con Calles poco transitadas. Pero el destino lo ha puesto en mis manos estos días, y lo he leído con asombro y emoción.

Su tono hermoso, filosófico, de una tristeza luminosa, me transportó, desde algún lugar remoto, hasta la maravillosa novela Rue des boutiques obscures (Calle de las tiendas oscuras) del novelista francés y Nobel de Literatura Patrick Modiano, ganadora del Goncourt en 1978.

El poeta dedica el libro a su hija, como una especie de testamento futuro dirigido a ella, que recuerda a las Palabras para Julia de José Agustín Goytisolo que cantara Paco Ibáñez. Un tesoro que vale la pena desempolvar.

Comparto aquí uno de los poemas del libro, que habla por sí solo:

 

Lagartos y raíces

 

La chica de la blusa de corazones negros

y la melena echada hacia delante

estaba en el bar tomando algo.

 

Parecía muy joven— desde luego

era menor de edad— aunque en verdad

lo que menos me importa ahora es saber

si eran catorce o quince los años que tenía,

en esa época

cualquier chico podía pedir alcohol

en una barra.

 

Estaba allí, sola frente a ese vaso,

no creo que importe nada más.

Era una chica joven con una cara

muy bonita. Sin embargo

allí estaban también aquellos ojos suyos.

 

Aquellos ojos helados, cuya enorme tristeza

— o cuyo vacío—  tanto me sorprendió.

Tanto y tan duramente

que todavía ahora,

después de unos diez años,

los recuerdo.

 

No sé por qué te hablo de esto.

Por aquel entonces

yo también era joven y buscaba

en el extravío una especie de luz.

Quizá por eso sé

que no voy a ponerme en tu camino.

 

Te llegará el momento

y tendrás que largarte, pensarás

que el mundo es grande

y lleno de posibilidades y promesas,

y estará bien sin duda

que salgas y lo veas con tus ojos.

 

Yo no voy a ponerme en tu camino,

sólo voy a decirte unas palabras

que escuché hace algún tiempo a un individuo

que vivía solo en un desierto

y que se alimentaba de raíces

y lagartos:

si sabes dónde está tu hogar

lo sabes todo, eso dijo.

Era un tipo curioso

que fabricaba sus propias vestimentas

y sonreía durante toda la entrevista

igual que un ángel loco.

 

Pero volviendo a la chica del principio

supongo que lo que en verdad me sorprendió

—o me aterró— de aquella escena

fue que pudiera expresas tanto dolor

con sólo estar allí sin hacer nada.

No tendría más de dieciséis en cualquier caso

y no decía nada.

Sencillamente estaba.

 

A esa edad no es difícil hallar dolor en todo,

estar perdido, no encontrar

ningún camino, no saber a dónde ir

ni cómo regresar.

 

Fernado Luis Chivite, Calles poco transitadas, Premio Literario Ciudad de Irún 1998.