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“Me desharé en palabras”, de Itziar Ancín, en Agosto Clandestino

Me desharé en palabras

El pasado 3 de agosto vio la luz el poemario Me desharé en palabras de Itziar Ancín, en la XIII edición del festival Agosto Clandestino de Logroño.

Se trata del número 195 de la colección Planeta Clandestino de Ediciones del 4 de Agosto, que recoge tantas y tan grandes voces de la poesía actual, y cuyo equipo de editores (Enrique Cabezón, Sonia San Román, Carmen Beltrán y Adrián Pérez Castillo, entre otros) ponen cada verano a su ciudad, Logroño, en el corazón del mapa poético.

                                          

 

El Agosto Clandestino de Logroño20170803_191357

El acto, celebrado en la Biblioteca de La Rioja, fue conducido por la escritora riojana Nerea Fernández, y como es habitual en Agosto Clandestino, unió dos voces poéticas. En este caso, las de dos poetas navarra y vasca: Itziar Ancín y Tere Irastortza, quien presentó un poemario bilingüe en euskera y castellano titulado Veleros que parecen gaviotas

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Itziar Ancín, Nerea Fernández y Tere Irastortza, durante el acto en la Biblioteca de La Rioja.

Antes de empezar el acto,  los organizadores distribuyen entre el público asistente un ejemplar de cada uno de los dos poemarios que se presentan durante esa sesión, y que forman parte de la cuidada y artesanal colección Planeta Clandestino de Ediciones del 4 de Agosto, que en 2017 ha alcanzado su número 200. Posteriormente pueden adquirirse en librerías o solicitarse al correo electrónico de la editorial: 4deagosto@gmail.com .

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El público, el pasado 3 de agosto, durante la presentación de los poemarios.

Uno de los momentos más emotivos del festival al finalizar cada acto, es la lectura de un poema por autor por parte de Luis Ruiz Dueñas: todo un clásico del Agosto Clandestino.

Y más tarde, el encuentro continua con una cena de escritoras y editores en La Mejillonera, en el centro de Logroño: momento fundamental para crear puentes de palabras y de futuro bañados de vino tinto riojano, para el intercambio de libros, firmas  y dedicatorias.

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Luis Ruiz Dueñas, durante su lectura de poemas que cierra los actos del festival.

En esta edición, el festival ha puesto el foco tanto en la denuncia de la situación de las personas refugiadas, a quienes dedicó el recital poético de su primera jornada, como en la celebración del centenario de la poeta Gloria Fuertes, en honor a quien ha publicado un “Clandestino”.

Pueden rastrearse los vídeos enviados por multitud de poetas de todas latitudes que se han sumado a la iniciativa de denuncia de la situación de los refugiados en las redes sociales utilizando los siguientes hashtags : #poesiarefugio #refugiadxs.

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Sonia San Román, Itziar Ancín y Tere Irastortza, durante la cena posterior al acto en Logroño.

En esta entrada he tratado de transmitir la calidez y la luz de esta hermosa experiencia de publicar y participar en el Agosto Clandestino, un lugar de encuentro que atrae a poetas de distintas ciudades como un imán de palabras al que es difícil resistirse.

Más abajo comparto una pequeña selección de textos extraídos del poemario Me desharé en palabras:


ha amanecido una oruga
sobre mi piel
como una criatura que hubiera dado a luz mi fantasía
en forma de mujer-ciervo-agua-junco

un sendero donde ya no quedan las migas
que indican cómo volver a casa
se abre ante los brotes irreales que sobrevuelan la nieve

me pincho por querer alcanzar
un fruto rojo, escondido entre las matas e invisible

caen gotas tibias de mi sangre estéril y hermosa

un sol cegador confunde a la Tierra

***


Barcelona

la desesperación mordiéndole las tripas a la belleza

bricks de vino tinto
frente a los cristales modernistas de flores y libélulas azules

tus noticias que golpean la plenitud de este sol

de este hermoso e impostor

                                                      impropio cielo azul

***


AMOR

me faltan cuatro letras
y me sobra una palabra

necesito romper esa palabra
que tengo en desuso
para emplear las letras
que ahora mismo me hacen falta

***


te llamaré espejismo

naufragio en espiral
del barco, las cadenas

***


en cualquier momento
un ápice blanco
un destello
fuego en los ojos que se transforma
en río
en pájaro
lava de volcán maniatado
que se evapora
 
si no soy viento
al menos
me brotan atisbos de plumas en la piel
 
si no logro evaporarme

me desharé en palabras

***


me expandí, como una balsa de silencio
se derrumbaron los muros de mi casa
y floté entre la atmósfera y la galaxia
justo en medio, en la línea divisoria
nítida, blanca y azul

sin traje de astronauta

 

Itziar Ancín, Me desharé en palabras, ( Colección Planeta Clandestino. Ediciones del 4 de Agosto, Logroño, 2017).

 

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Poema para dar coraje a un héroe

A Juan Yeregui, con todo mi cariño

 

Ni esos partidos

que tanto te emocionan

ni esos deportistas de élite

que tanto admiras.

 

El verdadero mérito

es

el de tu lucha diaria.

El auténtico valor

es aquel con que enfrentas

la batalla verdadera

que se libra en tu cuerpo.

 

A tanto coraje, igual admiración.

 

Ahí, el héroe. Ahí, la medalla.

 

Itziar Ancín

 


Dalhir, viva y azul

La ciudad errante de Dalhir ha sido dotada de nuevas texturas y colores. En esta ocasión, gracias a la pintora Gloria Vázquez Ferrón, la segunda artista que responde a la invitación que lancé desde este blog.

Gloria Vázquez ha creado una Dalhir viva, azul y colorida que es pura sugerencia. Veo en esta ilustración todo un mar de deseos que se plasma en el azul espejismo de Dalhir, errando inalcanzable enmedio del desierto. Una Dalhir azul como azul es el deseo del agua en la sed infinita.

Dalhir, por Gloria Vázquez.

Dalhir, ilustrada por la artista por Gloria Vázquez.


Claridad y luz a borbotones, que nacen de sus jardines, calles y fuentes. Pero a su vez, es una ciudad fortaleza de altos y fuertes muros, una ciudad prisión: nadie puede escapar de su fiesta de luz.

Muchas gracias, Gloria Vázquez, por aceptar el reto, dar vida a Dalhir y multiplicar, a través de tus ojos, el contenido y las resonancias de las palabras.

Más abajo en esta misma entrada es posible leer el poema y disfrutar de las dos ilustraciones de Gloria Vázquez Ferrón sobre Dalhir. Invito también a lectoras y lectores a leer la entrada de este blog donde se publicó el poema ilustrado por S. Gontz.

 

DALHIR

Te observo desde lejos.

Será el sol tan amargo

que domina el desierto

Dalhir, por Gloria Vázquez

La ciudad errante de Dalhir, por Gloria Vázquez.

o la arena en los ojos

la que aleja de mí

tus ajarafes blancos,

ciudad imposible.

La misma imagen nace

tras cada amanecer,

acostumbrada ya

a su azul espejismo.

Hace hoy tres lunas

que atisbo su silueta;

sus guiños en la noche

como en este instante.

Persigo su secreto.

Perdí mi caravana

y sé que estoy muy lejos de los oasis.

Dalhir, en cambio, siempre a una igual distancia

avanza con mis pasos, de mí se aleja.

A veces creo que solo existe en mi ilusión.

Pero es tal su presencia,

tanta la claridad de sus tejados.

Anoche hubo una calma inesperada:

no despertó el simún,

y el sol me ha descubierto

dos huellas en la arena:

dos rastros paralelos

y enigmáticos hacia Dalhir.

No la podré alcanzar.

Ciudad errante de cúpulas doradas,

¿no abrirás tus murallas?,

¿no detendrás tu paso?,

¿no lo harías por mí?

Tiempo atrás conocí

a un viejo pescador

de perlas del mar Rojo,

ya ciego por la sal.

Le oí contar historias

de la ciudad errante.

La vio desde el Sinaí.

Describía jardines, calles y fuentes

de la ciudad palacio,

de la ciudad prisión:

nadie puede escapar de su fiesta de luz.

Iré en su busca

para escuchar de nuevo

historias inauditas

de la ciudad de todas

y de ninguna parte.

Itziar Ancín


Haikus para resistirse al otoño

Tras el verano, llega el momento de publicar una segunda hornada de haikus. Están inspirados, en su mayor parte, en instantes mágicos en el Pirineo, a ambos lados de las montañas.

En septiembre del año pasado dediqué una entrada a definir qué es el haiku, esa forma poética tan enigmática y desconocida en Occidente. Para quien desee recuperarla: “Haiku: esencia poética más allá de barreras culturales”.

Grita la marmota.

khendo-khani-serpent

El perfil de un rebeco

Sobre la cima.

 

En el ibón

Una espiral de peces.

Llega la niebla.

 

Ladea el vientohaiku-yukki-yaura

Los suaves edelweiss.

Huye la nutria.

 

Desde el Midi,

Una hilera de buitres.

Círculos negros.

 

Pálido azul.

Más de veinte cigüeñas

Sobre el Gorbea.


Aquella niña

La señorita Paquita es maestra en un colegio público de una ciudad pequeña y recatada. Son los años 80. Un día en clase de lengua, una de sus alumnas escribe un texto que le sorprende enormemente. Asegura que en todos sus años de maestra, ninguno de sus alumnos había combinado las letras con tanto sentido del ritmo.

La pequeña, en su cuaderno de dos rayas, en el que ese mismo curso ha aprendido a escribir, dibuja un cuervo para ilustrar el que fue quizás su primer poema.
Paquita la invita a leer sus versos en la clase de al lado.

“El cuervo negro
Como el hierro.
Al cantar
Fuerte sonar.
Y luego
Un vuelo.”

Un día, muchos años después, cuando Paquita sube a un autobús urbano, le entregan un libro de poemas. Entre las firmas descubre a su alumna con gran alegría.

Han pasado ya 30 años y Paquita se jubiló hace tiempo. Un domingo de julio, pasea agarrada del brazo de una amiga. En la misma acera, frente a ella, una mujer joven tira de una maleta. Ambas se miran a los ojos. Se sonríen. “Es ella”, piensa la una. “Es ella”, piensan. Paquita reconoce en ese rostro de mujer a aquella niña de 6 años. Y la poeta reconoce a su buena maestra.

Gracias, Paquita.

 

el cuervo 1er poema


El tiempo de la luz

Sonreír a la luz

y guiñar un ojo a la oscuridad

saltar de puntillas como un pájaro

y lentamente abrirse

navegar por el brillo como sin darse cuenta

abrir las manos para multiplicar panes y peces

caminar por encima de las nubes

amar sin condiciones.

Desatar un huracán inesperado.

Reírse y olvidar.

Desprenderse del caparazón y de la máscara.

Ser yo sin restricciones.

Prohibir las amarras.

Prohibido dormirse antes de tiempo.

Y proclamar que nunca ya no tenga sentido.


Ausencia

En memoria de Nagore Laffage,
asesinada por José Diego Yllanes en sanfermines de 2008.
Poema basado en la obra teatral “Nagore” de Sandra Arróniz.

Se escuchan los primeros cencerros. Los mozos se agolpan esperando la salida.

Me acaricias la cara, me susurras, me abrazas la cintura camino de tu casa.

Los toros han empezado el recorrido del encierro.

Una vez en tus brazos, maldito encuentro en la calle, me arrancas fragmentos de piel.
Intento huir y me detienes, aprieto los puños y lucho.
Eres más fuerte.
Me detengo un momento. Elevo la cabeza y tomo aire.
Pero tú no guardas para mí aire ni palabras ni compasión.
Solo una ola de golpes, una nube de plástico en mi cara.

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Foto: I. Ancín. El Luto y Nagore en Pamplona, el pasado 3 de julio.

Hombres y toros cuerpo a cuerpo.

Después dirás, jurarás, no recordar nada, no recordar mi voz, mi rostro, lamentarlo todo, estar en deuda…

Soy un grito ahogado inmenso. Ya apenas puedo seguir siendo.
Un dolor profundo en el clamor de la multitud atareada con las fiestas.

El encierro asciende la cuesta de Santo Domingo.

Envuelta y ahogada en mi grito, me doblo, lucho, me estremezco.

Mis dedos se asoman con todas sus fuerzas a la luz.
Estiro mi mano y mi cuerpo, en lucha.

Los toros se acercan ya al tramo más peligroso: la curva de Mercaderes.

Me quedo arrodillada, con mi vestido-piel de enfermera hecho jirones.
Intento estirar y desenvolver mi grito guardado en la garganta.
Lo arranco y lo tomo en mis manos. Pero sigue cosido a mi cofia blanca. Lo despliego, es una prolongación de mi cuerpo, una extensión de mi piel con membranas acuosas de color blanco.
Ahora es visible y se erige en pirámide, en cono horizontal que nace en mi boca, vivo y tembloroso; en gran sombra hecha luz, en silencio ahogado hecho palabra.
Lo sujeto con mis manos y me pongo en pie. Giro en torno a él.
Respiro hondo, tomo aire suficiente para erguir de nuevo mi cuerpo.
Separo los brazos del tronco para aumentar mi equilibrio.
Soy.

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Foto: I. Ancín. La maqueta del grito de Nagore, moldeada por Arróniz en su taller de Huarte.

Pero ya no hay vuelta atrás: los toros han entrado en la calle Estafeta, conducidos a su propia muerte, en la Plaza de Toros.

Tú, ante todos, gemirás y llorarás como un muñeco. En cambio yo, te hago frente, ni si quiera me das miedo. A pesar de que encarnas nuestra peor pesadilla.

36 golpes secos, estruendo de metal frío sobre la tibieza, la blandura de mi cuerpo.
Tapas mi boca para ahogar mi grito y mi vida.
Mi cuerpo te acusa: 33 heridas visibles, 3 heridas invisibles.
Me reclino unos instantes, solo reculo para tomar fuerzas. Pero me tambaleo.
Agonizo pero respiro a través de la membrana acuosa en que se ha convertido mi grito.
Tengo los ojos cerrados.
Me tiemblan las rodillas. Pierdo fuerza, caigo lentamente al suelo.
Cada vez es más escaso el aliento.
Una llamada de auxilio: peligro de muerte.
La vida, con el aire, se escapa lenta de mi cuerpo.
El asesino confeso, el asesino cobarde, sólo recuerda que me mató con sus propias manos.

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Foto: I. Ancín. Nagore sostiene su grito a la salida de los Corralillos.

Y de pronto, me levanto, sostengo mi grito con las manos y camino.
Suspendido en la habitación, pendiente desde mi boca y mi cabeza con sus membranas blancas.
Giro lentamente sobre el eje de mi columna vertebral.
El cono blanco se extiende y se abre sobre sí. Y termina en una boca de pez-nube, en un amplio círculo sagrado, expandido desde mis labios, que ya solo susurran en forma de ausencia.

Mi GRITO se eleva.

Lo contemplo en lo alto con los brazos extendidos, apuntando al cielo.
Me reclino y extiendo mis membranas blancas hacia el frente.
Recojo, de rodillas, mi cono blanco de dolor.
Te miro de frente, aunque ya no me veas.
Me quito la cofia blanca de enfermera. La coloco en el suelo.
Camino despacio. Desnuda, descalza.
Respiro con dificultad, cierro los ojos.

No puedo descansar. ¿Puedes tú?
Mi voz te acompañará. Aunque digas que no me recuerdas. Y mi rostro. Y mi sangre. Y el grito de la multitud:

¡ASESINO!

Te fabricaste conmigo este nuevo nombre, que junto con el mío, también te acompañará SIEMPRE.

Yo, con mi piel desdibujada en las costuras rosáceas de mi uniforme de enfermera, te seguiré envuelta en mi nuevo nombre:

     AUSENCIA

Itziar Ancín