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Informe para Costa Rica

Quiero compartir un hermoso poema, necesario y desgarrador, que en la voz del Niño de Elche se convierte en un himno.

Este tema forma parte de su álbum Voces del extremo (2015), en el que el cantaor da vida a los textos de distintos poetas, relacionados con el festival de poesía comprometida que tiene lugar en Moguer (Huelva), desde hace ya 18 años. Los poetas cuyos poemas se hacen carne en boca del Niño en este disco son Begoña Abad, José Luis Checa, Antonio Orihuela, Inma Luna, Francisco Fenoy Rodríguez, Bernardo Santos, Jorge Riechmann, Conrado Santamaría, Antidio Cabal y Enrique Falcón.

En el plano musical, este artista inclasificable canta flamenco, fusionado con géneros como el kraut rock, el ambient o la new wave de finales de los 70 y principios de los 80. El Niño le imprime alma y emoción y desarma a su público, a veces con un enorme sentido del humor; otras, sorprendiéndolos con un extraño sonido que no esperan. Y sobrecoge con su susurro estremecedor y su llanto épico.

Esta canción forma parte de mi himno personal de Voces del extremo 2016, y no puedo dejar de recomendarlo. Se trata de un poema de Antidio Cabal y dice así…


Moguer, la luz con el tiempo dentro

Moguer, el pueblo natal de Juan Ramón Jiménez, acoge desde hace 18 años el festival de poesía comprometida Voces del extremo.  Las calles luminosas del pueblo onubense se llenan de poetas a todas horas.

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Recitando Ausencia, con Pablo Müller.

Por la mañana, ocupan las plazas y acto seguido, recitan en la casa donde nació el poeta. Por la tarde, se trasladan a la Fundación que el pueblo dedicó a Zenobia Camprubí y Juan Ramón, y los recitales continúan en su espléndido patio andaluz, lleno de enredaderas, versos pintados en los azulejos, lavadero y hasta burrito de bronce a escala real. Y al atardecer, salen de nuevo a la calle. Tras la cena, continúan alzando sus voces en la peña flamenca, precedidos a veces de un conciertos o una performance.

Este mes de julio, he tenido la suerte de participar, compartiendo mis versos en el patio de la Fundación, en un momento irrepetible, junto con María Cano, y acompañada en el poema Ausencia por el poeta bilbaíno Pablo Müller.


Fue el 28 de julio, el segundo día del festival, cuando irrumpió en el patio el mismísimo Platero, que todos los años aparece en algún momento inesperado, ante las sonrisas cómplices de los veteranos, y especialmente, la de su organizador, Antonio Orihuela, poeta también natural de Moguer, y artífice de tantas maravillas y tanta magia condensadas a lo largo de cuatro días. De hecho, un rebuzno de Platero dio inicio a nuestra aportación al festival, dándonos a su manera la bienvenida.


Moguer está plagado de homenajes de lo más hermosos al Nobel de Literatura. En la oficina de turismo local, se entrega al visitante el Pasaporte Platero, y en cada atracción turística que aparece en él, se puede solicitar el sello de un burrito. Al alcanzar los 100 puntos, el premio es una edición de Platero y yo. Además hay una colección de esculturas por todo el pueblo con personajes del libro, y azulejos con citas del poeta en cada rincón. Todas las personas nos atendieron en la Fundación, la Casa Natal y el Archivo con una complicidad y un amor por Juan Ramón y por la poesía que no olvidaremos.