Archivo mensual: julio 2017

Cerca del corazón salvaje, de Clarice Lispector

Clarice Lispector

Clarice Lispector

Clarice Lispector (Ucrania, 1917- Brasil, 1977) está considerada como la escritora brasileña más importante del siglo XX.

Su prosa es tan poética y filosófica que el género se tambalea entre distintas orillas, impregnada de múltiples colores y brillos, percepciones e intuiciones profundas, en una escritura enormemente evocadora y sin claros precedentes, cuyos ejercicios de introspección para transmitir percepciones dejan que la trama sea secundaria.

Cerca del corazón salvaje fue su primera novela. Publicada en 1944, cuando tenía 23 años. En ella aborda el tema de la incomunicación como consecuencia de las limitaciones del lenguaje: la palabra nunca podrá ser suficiente ni lo necesariamente precisa para expresar el sentido último de las cosas, pero nos acerca a la eternidad y es el único vehículo con que relacionarnos. Lispector transmite también una irremediable necesidad de conocer el mundo pero que es imposible de colmar.

Comparto aquí algunas citas de Cerca del corazón salvaje:

Todavía no se había liberado del deseo-poder-milagro de cuando era pequeña. La fórmula se realizaba tantas veces: sentir la cosa sin poseerla. Solo era preciso que todo ayudase, la dejase leve y pura, en ayunas para recibir la imaginación.

Así como el espacio rodeado de cuatro paredes tiene un valor específico, provocado no tanto por el espacio sino por estar rodeado de paredes, Octavio la transformaba en algo que no era ella sino él mismo y que Juana recibía por piedad de ambos, porque los dos eran incapaces de liberarse por el amor porque aceptaba vencida el propio miedo de sufrir, su incapacidad de actuar más allá de la frontera de la rebelión. Y también: ¿cómo ligarse a un hombre si no es permitiendo que él la aprisione? ¿Cómo impedir que él despliegue sobre su cuerpo y su alma sus cuatro paredes? ¿Había algún medio para tener las cosas sin que las cosas la poseyeran?

Es curioso cómo no sé decir quién soy. Es decir, lo sé muy bien, pero no lo puedo decir. Sobre todo tengo miedo de decirlo, porque en el momento en que intento hablar, no solo no expreso lo que siento, sino que lo que siento se transforma lentamente en lo que digo. O al menos lo que me hace actuar no es lo que siento, sino lo que digo.