Archivo mensual: octubre 2016

Isabel García Mellado se cuela por las rendijas del espacio-tiempo

Isabel García Mellado (1977) es una poeta madrileña que debutó con el poemario Tic tac, toc toc (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2009), al que han seguido siete libros más, todos ellos con hermosísimos títulos, por ejemplo: Cómo liberar tigres Blancos (Ya lo dijo Casimiro Parker, 2010) o La traductora de incendios (Valparaíso Ediciones, 2014).

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Isabel García Mellado.

Su poemario más reciente es La casa de la cruz (Editorial Visor, 2016), poemario ganador en noviembre de 2015 del LXII Premio de poesía Ciudad de Burgos. También ha participado en el documental “Se dice poeta” de Sofía Castañón.

Su voz estremece, llena de luz, de imágenes y sugerencias que se cuelan como un susurro por todas las rendijas del espacio-tiempo.

El siguiente poema fue publicado en la antología Ultravioleta. Poesía ilustrada (2015) de Uxúe Juárez y Uxúe Arbe.

hoy

que mis monstruos son todos de papel

me voy a demorar en las frases que forman mis contornos con tus pliegues

mientras la tormenta se atraganta de lunes en un martes

sobre el resto de la gente

hoy

que queda un día para que sea mañana

y yo pueda saber qué significa mañana contigo

he conseguido salvar mi caja de madera del naufragio

y tú

parado en la ventana borras la lluvia

para traérmela en tus manos y en tu lengua

y así

yo

pierda el miedo de volver a ser naufragio

y tú te metas dentro de la caja de madera

y te salgas fuera

y yo

te deje

y yo

sea las gotas de esa lluvia

besándote la cara arriba abajo

hoy

que sólo queda un día para mañana

a mí aún me quedan restos de pelusas en la garganta

que tú sacudes como sombras y así

tú ventana y yo tu lluvia

yo tu voz tu espalda el sudor de la luna

soy dibujo de secretos que habitan  detrás de mi silencio

para que tú termines encontrando la llave de mi abismo

y luego correr del teléfono a los bares al colchón

y ser tu cuerpo

que protege del naufragio mi caja de madera

o ser la caja de madera en que te guardes

de todas las tormentas

y hoy que sólo queda un día para que sea mañana

y yo

recuerdo el dulce manotazo

con que me desnudaste por completo

y así

mi piel temblándonos el tiempo

que no, que a mí no se me pasan

ni la lluvia ni la magia ni la niña

ni la puta ni la herida

ni tú recuperándome de agua o yo

bañándote la cara con lo que tú

y hoy,

ya va a llegar mañana y tú

vas a encontrarte también tú

frente a un significado tan sencillo como es

saber lo que es mañana

y ser mañana

y ser conmigo

Isabel García Mellado

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Martha Asunción Alonso o la magia de las palabras

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La primera vez que leí a Martha Asunción Alonso (Madrid, 1986) me ocurrió algo insólito: tuve la impresión de que sus versos me salpicaban de colores, como si sus vocales estallasen sobre mí. Nunca antes me había ocurrido algo parecido. Pensé que era una auténtica maga de las palabras. Y la forma atraviesa junto con el fondo, y explota por dentro, hasta la emoción.

Esta poeta ha publicado los poemarios Cronología verde de un otoño (2009, Ediciones UCM), Crisálida (2010, Editorial Alhulia), Detener la primavera (2011, Ediciones Hiperión), La soledad criolla (2013, Ediciones Rialp) y Skinny Cap (2014, Libros de la Herida). En 2012, Detener la primavera recibió además el Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

A continuación comparto un poema que forma parte de la antología No tan joven (2005-2015), publicada en 2015 por Ediciones del 4 de Agosto, que pertenece al poemario La soledad criolla, (RIALP, 2013).

 

Tocarte

 

 

Tanto poema por no poder tocar,

tener manos pequeñas para tu corazón.

No alcanzo aquel columpio de las fotografías,

universo simétrico, las dobles

sombras rubias. Te recuerdo pasando las hojas

de tu vida. Y una nube de té.

Entonces nos conocíamos apenas.

Tampoco eso ha cambiado, ni mi altura:

es demasiado el aire y yo no alcanzo,

no alcanzaré jamás a darte agua.

Créeme si te digo

que no quise tocarte de otro modo.

Como quien llena un vaso,

como si de tus sueños dependieran

los nenúfares. La piel

nunca fue lo importante.

 

Martha Asunción Alonso