Archivo mensual: enero 2015

Dalhir, viva y azul

La ciudad errante de Dalhir ha sido dotada de nuevas texturas y colores. En esta ocasión, gracias a la pintora Gloria Vázquez Ferrón, la segunda artista que responde a la invitación que lancé desde este blog.

Gloria Vázquez ha creado una Dalhir viva, azul y colorida que es pura sugerencia. Veo en esta ilustración todo un mar de deseos que se plasma en el azul espejismo de Dalhir, errando inalcanzable enmedio del desierto. Una Dalhir azul como azul es el deseo del agua en la sed infinita.

Dalhir, por Gloria Vázquez.

Dalhir, ilustrada por la artista por Gloria Vázquez.


Claridad y luz a borbotones, que nacen de sus jardines, calles y fuentes. Pero a su vez, es una ciudad fortaleza de altos y fuertes muros, una ciudad prisión: nadie puede escapar de su fiesta de luz.

Muchas gracias, Gloria Vázquez, por aceptar el reto, dar vida a Dalhir y multiplicar, a través de tus ojos, el contenido y las resonancias de las palabras.

Más abajo en esta misma entrada es posible leer el poema y disfrutar de las dos ilustraciones de Gloria Vázquez Ferrón sobre Dalhir. Invito también a lectoras y lectores a leer la entrada de este blog donde se publicó el poema ilustrado por S. Gontz.

 

DALHIR

Te observo desde lejos.

Será el sol tan amargo

que domina el desierto

Dalhir, por Gloria Vázquez

La ciudad errante de Dalhir, por Gloria Vázquez.

o la arena en los ojos

la que aleja de mí

tus ajarafes blancos,

ciudad imposible.

La misma imagen nace

tras cada amanecer,

acostumbrada ya

a su azul espejismo.

Hace hoy tres lunas

que atisbo su silueta;

sus guiños en la noche

como en este instante.

Persigo su secreto.

Perdí mi caravana

y sé que estoy muy lejos de los oasis.

Dalhir, en cambio, siempre a una igual distancia

avanza con mis pasos, de mí se aleja.

A veces creo que solo existe en mi ilusión.

Pero es tal su presencia,

tanta la claridad de sus tejados.

Anoche hubo una calma inesperada:

no despertó el simún,

y el sol me ha descubierto

dos huellas en la arena:

dos rastros paralelos

y enigmáticos hacia Dalhir.

No la podré alcanzar.

Ciudad errante de cúpulas doradas,

¿no abrirás tus murallas?,

¿no detendrás tu paso?,

¿no lo harías por mí?

Tiempo atrás conocí

a un viejo pescador

de perlas del mar Rojo,

ya ciego por la sal.

Le oí contar historias

de la ciudad errante.

La vio desde el Sinaí.

Describía jardines, calles y fuentes

de la ciudad palacio,

de la ciudad prisión:

nadie puede escapar de su fiesta de luz.

Iré en su busca

para escuchar de nuevo

historias inauditas

de la ciudad de todas

y de ninguna parte.

Itziar Ancín

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