Archivo mensual: noviembre 2014

Hay amores de tacto, de ensoñaciones y de palabras

El pasado fin de semana se cruzaron en mi camino los versos fulminantes y visionarios de Laia López Manrique y su último libro: “La mujer cíclica” (La Garúa, 2014).

López Manrique es una de las poetas entrevistadas en el documental ‘Se dice poeta’; una reflexión de género sobre el panorama poético actual, en el que su directora, Sofía Castañón, entrevista a 21 mujeres nacidas entre 1974 y 1989 para hablar de su relación con la poesía, la crítica y la difusión de su obra. Entre las poetas entrevistadas se encuentran además Sonia San Román, Carmen Beltrán, Elena Medel o Laura Casielles.

Comparto este fragmento de un poema que me cautivó el viernes por la noche en Pamplona, dentro del festival de poesía Unicelular.

“Esperaba todavía, con el cuerpo leve, el sudor. Hablaba con lo que en mí era foco y tenía a veces tus mismos rasgos.

-Tú supiste verme.laia2

-Creía que amar era ver sin ser visto.

-Pero tú supiste verme.

-Era tarde cuando me di cuenta. Era tarde y había grava, gente que removía las piezas alrededor y adentro.

-En la interrupción de la cuerda había un nudo. No era como los otros nudos. No solo estaba hecho de cuerda, sino también de palabras. Las palabras me volvieron loca.

-Las palabras tienen esa propiedad. Las palabras conducen y desvelan u oscurecen.

-Fui incapaz de evitar esa locura. Ese nudo era como un asentimiento. Como reconocer un accidente, el espacio de un choque.

-Tú supiste verme. Lo que era ciego a mis ojos lo investiste de palabras. El amor es el tacto, pero hay también un amor hecho de palabras.

-Yo tenía un amor de tacto y un amor de palabras y además otros amores periféricos. No me era posible concentrarme en uno solo.

-El amor de tacto era suave, cotidiano. Se alimentaba de imágenes. Yo lo protegía. Mi posesión de él era el cuidado y nuestro deseo era incisivo y brutal.

-El amor de palabras era escaso. Una red. Una trampa. Aparecía raramente. No lo cuidaba, porque era externo. El deseo era solitario y doloroso.

-Los amores periféricos eran ensoñaciones. Acontecían y se marchaban. Sus anclas eran los cuerpos: amados, olvidados.

-Solo tu amor negaba la belleza. Las palabras me volvieron loca.”

“La Mujer Cíclica” (Fragmentos para un proyecto incierto) de Laia López Manrique, extraído de su blog Pálido fuego