Archivo mensual: enero 2014

Proust, explorador de lo invisible

Hoy he terminado mi primera lectura de Marcel Proust. Se trata de la novela Por el camino de Swann, que es parte de su obra maestra En busca del Tiempo Perdido. En esta novela, las notas de una sonata de Vinteuil, le sirven para reflexionar sobre el alma y el papel del artista en revelarnos su esencia, y le llevan a afirmar lo siguiente:

“El campo que se abre al pianista no es un mezquino teclado de siete notas, sino un teclado inconmensurable, desconocido casi por completo, donde aquí y allá, separadas por espesas tinieblas inexploradas, han sido descubiertas algunos millones de teclas de ternura, de coraje, de pasión, de serenidad que la componen, tan distintas entre sí como un mundo de otro mundo, por unos cuantos grandes artistas que nos han hecho el favor, despertando en nosotros la equivalencia del tema que ellos descubrieron, de mostrarnos la gran riqueza, la gran variedad oculta, sin que nos demos cuenta, en esa noche enorme, impenetrable y descorazonada de nuestra alma, que consideramos el vacío y la nada”.
Y que “reconocemos extáticos cuando algún explorador de lo invisible captura una de ellas y le trae de ese mundo divino donde le es dado penetrar para que brille unos momentos encima de nuestro mundo”.

Mágicas palabras, las del propio Proust, para describir e inmortalizar los misterios del alma humana, y a la vez, su propia grandeza.

Vale la pena escuchar el fragmento de la sonata de Vinteuil que Proust comparte en su novela, invitándonos a sentir lo mismo que él: