Emily Brontë, luz y espejo de Emily Dickinson

Emily_Brontë_by_Patrick_Branwell

Retrato de Emily Brontë, realizado por su hermano Branwell.

No coward soul is mine, No trembler in the world’s storm-troubled sphere (No es cobarde mi alma, ni tiembla en la atormentada esfera del mundo) son los  primeros versos de un poema que une a dos escritoras fascinantes: la inglesa Emily Brontë (1818-1848), su autora, y la norteamericana Emily Dickinson (1830-1886), quien lo eligió para ser leido en su propio funeral.

Ambas tuvieron en común una vida de  soledad e independencia. Además, tanto las hermanas Brontë como Dickinson, perdieron a su madre siendo niñas, y apenas recibieron educación formal.

Charlotte describió a su hermana Emily, autora de la novela gótica Cumbres borrascosasa solitude-loving raven, no gentle dove. Es decir, un cuervo amante de la soledad, no una paloma dulce. Algunos estudiosos se aventuran a decir que le diagnosticarían Aspergen, síndrome popularizado por el cómico personaje de Seldom en Big Bang Theory.

Cuando Charlotte descubrió los poemas de Emily, insistió en que los publicara. Pero parece ser que a Emily le horrorizaba la idea. Dado que la familia tenía problemas económicos, finalmente  accedió. 

De hecho, los poemas de las tres hermanas (Charlotte, Emily y Anne),  fueron publicados conjuntamente en 1846. Como no se consideraba que la literatura fuera una ocupación propia de mujeres, las tres firmaron con seudónimos masculinos. Ellas mismas pagaron al editor y enviaron ejemplares a poetas de su época, incluido el romántico Wordsworth, pero no recibieron ninguna respuesta.

Emily Brontë pasó a la historia de la literatura victoriana por su novela, pero falleció a los 30 años y no pudo por tanto seguir madurando en su proceso de creación, ni en novela ni tampoco en poesía. De no haber sido así, bien podría haber trascendido también en este género.

Al otro lado del Atlántico, Emily Dickinson fallecía el 15 de mayo de 1886, fecha de la que acaban de cumplirse 132 años. Y fue, según se cuenta, No coward soul, de la inglesa Emily Brontë, el poema que escogió para ser leido en su funeral. Una Emily poderosa y radiante, mirándose en el reflejo del espejo cristalino de la otra.

Se trata de uno de los últimos poemas que Brontë escribió antes de su aclamada novela, y representa la intensidad, la autoridad rotunda y el tono inmortal del que bebería Dickinson. Más abajo puede leerse el mítico poema en inglés. No incluiré una versión en español ya que no he encontrado una traducción a la altura del texto original, pero seguiré buscándola.

Ambas poetas comparten la intensidad y la pureza de un lenguaje directo y redondo, y además de la rotundidad de sus versos, la fuerza y valentía de tomarse a sí mismas en serio como escritoras, en unos tiempos en los que ser mujer e identificarse como tal ante el mundo era toda una heroicidad.

 

No Coward Soul Is Mine

No coward soul is mine 
No trembler in the world’s storm-troubled sphere 
I see Heaven’s glories shine 
And Faith shines equal arming me from Fear 
 
O God within my breast 
Almighty ever-present Deity 
Life, that in me hast rest, 
As I Undying Life, have power in Thee 
 
Vain are the thousand creeds 
That move men’s hearts, unutterably vain, 
Worthless as withered weeds 
Or idlest froth amid the boundless main. 
 
To waken doubt in one 
Holding so fast by thy infinity, 
So surely anchored on 
The steadfast rock of Immortality. 
 
With wide-embracing love 
Thy spirit animates eternal years 
Pervades and broods above, 
Changes, sustains, dissolves, creates and rears 
 
Though earth and moon were gone 
And suns and universes ceased to be 
And Thou wert left alone 
Every Existence would exist in thee 
 
There is not room for Death 
Nor atom that his might could render void 
Since thou art Being and Breath 
And what thou art may never be destroyed. 
Emily Brontë
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“Cardelinas”, un “Grito de mujer” para Asun Casasola

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Durante el recital Grito de mujer 2018, en el Planetario de Pamplona

El pasado 1 de marzo, el Planetario de Pamplona acogió el recital “Grito de mujer” que se celebra en numerosos países de todo el mundo en contra de la violencia de género. En esta ocasión, además de poetas, participaron en el acto cantantes, artistas plásticos y una bailarina.

La temática de este año eran las madres que han perdido a su hija por culpa de la violencia de género. Por esta razón escribí un poema a Asun Casasola, madre de Nagore Laffage: esa madre coraje que ha luchado para que no se olvidara la historia de su hija, asesinada como tantas, por ser mujer.

Hace ya diez años de su asesinato a manos de José Diego Yllanes, y en junio tendrá lugar un acto para recordar aquellos hechos a raíz de los cuáles escribí, hace ya 5 años, el poema Ausencia. Cardelinas va dirigido a su madre y a todas las madres que han pasado por algo semejante.

 

Cardelinas                                       

A Asun Casasola;
a todas las madres

Vivaz cardelina que vuela por encima del sol,

que cubre con sus trinos la piel del mar.

¿Dónde quedaron sus 20 años?

Era tan igual a ti.

Todo se lo diste.

 

Luz incandescente que alumbra tu hogar

incluso hoy

diez años después de que el cazador

partiera su cuerpo delicado, su canto radiante

luz de tu casa.

 

Y todo este tiempo

has sostenido en tus manos

las flores hermosas de su alma

has paseado su luz y su canto que fluyen por las calles

a través de ti.

 

Has alzado tu voz

para que pueda oírte este mundo cretino

que disculpa al cazador

y sospecha de las alas

del pájaro que vuela.

 

Itziar Ancín


Palabras de Pablo Müller contra el miedo

Contra el miedo

El primer poemario de Javier Bermúdez.

Pablo Müller (heterónimo de Javier Bermúdez) firma un poemario lleno de emoción y conciencia social que se titula Contra el miedo (Amargord, 2015). El libro lleva en la portada una cautivadora foto en banco y negro de su álbum familiar: una hilera de mujeres jóvenes que atraviesa el río entre risas.

Hace unas semanas el poeta bilbaíno nos visitó en Pamplona y compartimos de nuevo en el Bosquecillo los versos que nos conmovieron ya hace dos veranos en el festival poético Voces del Extremo de Moguer, cuna de Juan Ramón.

Javier Bermúdez es también autor del blog literario Papeles de Pablo Müller, del poemario online Los cuadernos del duelo de Pablo Müller y del Cuaderno de tareas extraordinarias (A Fortiori, 2017), un libro objeto, de una mimadísima encuadernación, que incluye fotos del autor, a medio camino entre la poesía y el diario.

A continuación, uno de los poemas más reveladores de Contra el miedo, o cómo emocionar con palabras, al explicar que la palabra nunca es suficiente:

 

«Somos personas, no cabemos en ninguna palabra.»

Antonio Orihuela

Víctor Ortiz trabajaba en la mina de hierro que arrancó el brazo al hijo Julián, ¿entra en la palabra minero? ¿en la palabra dolor? ¿culpar puede ser un verbo reflexivo?

Marcelina Conde recogía las patatas de la huerta pequeña, rojas y negras, de pólvora y pimienta, para repartirlas luego.

Alfred Nobel pasó junto a aquel lugar, a cada explosión,aullido,  herido, viuda, ganaba más dinero.

Aurelio de Villarroel recibió a Alfonso Borbón, el trece, al pie del andén del ferrocarril nuevo. Unas calles más allá, Pascual Pineda moría, a los 23, olvidado por la familia que le siguió. Fueron juntos a la escuela ¿entra en la palabra jornalero?

Manuela López su madre, ¿entra en la palabra pan?

Francisco Pineda su padre, ¿entra en la palabra trigo? ¿en la palabra obediencia?

Benigno Valencia hacía la guardia en el monte dormido. Le dijeron que esperara a Don Carlos. Nunca llegó, ¿entra en la palabra alfarero?

Florentina Corres dejó dos fotografías con el traje del domingo, ¿entra en la palabra tierra?

Manuel Bermúdez vendió las huertas y cogió el camino hacia el mar, ¿entra en la palabra fracaso?

Lorenza Díez cambió bierzo por lluvia. Murió joven con el miedo. Severo, su hijo, de retirada del Kalamua entró en Gernika de abril abrasada.

Sus relatos construyen los nuestros. ¿Entramos en la palabra contar? ¿Hay memoria para tanta vida?

Pablo Müller, Contra el miedo (Amargord, 2015)


Memoria y poesía de Manuelle Parra

photo-Manuela

La poeta y grabadora francesa Manuelle Parra.

Memoria y poesía para arrancar el año, de la mano de Manuelle Parra, poeta y grabadora francesa, descendiente de exiliado republicano, que acude cada año al festival de poesía de la conciencia Voces del extremo de Moguer, Huelva, la tierra de Juan Ramón.

En esta última edición de 2017, ha organizado la exposición Cajas negras del exilio, que a finales de este año ha visitado también en el Parlamento de Cantabria como parte de la programación de La Surada Poética 2017 que lleva cabo en La Vorágine. En ella se combinan grabados, poemas y fotografías, en un recorrido por la huida, el encierro, la resistencia y la memoria de los exiliados españoles en Francia durante la dictadura.

Fueron unos 450.000 españoles los que huyeron de la derrota y la represión de los ganadores de la guerra iniciada con el golpe de Estado de 1936. El capitán del ejército republicano Juan Antonio Parra cayó herido en el frente del Ebro. En los primeros meses de 1939 huyó a Francia bajo las bombas y comenzó un recorrido por 11 de los llamados campos de internamiento, en realidad campos de concentración, en el país vecino, hasta que logró huir dos años después para unirse a los maquis de la resistencia francesa que luchaban contra los nazis.

Uno de los aspectos más interesantes que recupera Manuelle Parra en ‘Cajas Negras del Exilio’ es el papel que tuvieron la poesía y la cultura en la capacidad de resistencia de los hombres y mujeres en los campos. Su padre, Juan Antonio, copiaba los poemas del Romancero Gitano de Lorca y los compartía en la ‘Barraca de la cultura’ del campo de Argeles-sur-Mer, donde también se pintaba, se hacían esculturas con huesos o trocitos de hierro, o se editaban a mano pequeñas gacetas. Eran sus armas para luchar contra la enfermedad y la desesperanza.

A continuación comparto el fragmento de un poema que forma parte de su libro Les pas d’un exil à l’encre rouge (Los pasos de un exilio en tinta roja). Transcribo el poema en francés, y más abajo añado también mi propia y libre traducción al español:

 

Fille de rouge sur les traces de l’exil

(…) Séparations accumulées

baluchons en guise de bannière

des mains dans les poches pour traverser la frontière

un exil perpétuel, des horizons sans cesse repoussés. (…)

Je suis d’une lignée qui ne courbe pas l’échine

qui pratique la fierté

qui recommence sans cesse des bouts de vie abandonnés.

Aujourd’hui, je connais mon histoire

celle qui mávait été subtilisée et à présent je sais…  (…)

Je suis sur la ligne indécisedúne frontiére mal recousue

je suis de partout et de nulle part à la fois.

Mais je sais que je ne suis surtout pas d’ailleurs.

 

(Traducción al español)

Hija de rojo tras las huellas del exilio

(…) Separaciones acumuladas

petates como estandarte

manos en los bolsillos para atravesar la frontera

el exilio perpetuo, horizonte rechazado una y otra vez.(…)

Soy de una descendencia que no se doblega

que practica el orgullo

que empieza de nuevo sin cesar trozos abandonados de vida.

Hoy conozco mi historia

que me había sido ocultada y ahora sé… (…)

Estoy sobre la línea indecisa de una frontera mal cosida

soy de todas y de ninguna parte

pero sobre todo sé

que no soy de otra parte.

 

Manuelle Parra

 


Andrea Aguirre, mujer-luciérnaga frente al caos

andrea aguirre.jpg

La poeta argentina Andrea Aguirre.

Este verano conocí a la poeta Andrea Aguirre (Buenos Aires, 1980) durante la presentación de su libro ‘Mujer frente al caos’ (La penúltima Editorial, 2017) en el festival Agosto Clandestino de Logroño.

Esta autora cuenta con una trayectoria literaria que se materializa en siete libros: los dos primeros, ‘Lunas de agua’ y ‘Sueños de cristal’, fueron publicados por Ediciones Antígona en 2007.  También ha publicado ‘El ciclo lunar de los paréntesis’ (2012) y ‘La infancia suicida de Verónica Qué’ (2013) en Ártese quien pueda Ediciones, y ‘El mapa de la existencia’ (2015) con Tigres de Papel. Y ‘Mujer frente al caos’ es su último poemario, una auténtica joya sin desperdicio.

Comparto uno de los poemas del libro, que recibí durante su lectura en Logroño como una revelación, y que vuelve a mí, como lo hacen los grandes textos, cada vez que lo necesito:

 

respiras en paz y ves

la vida a través de los ojos

de un poeta que duda

ante el mundo y la nada.

 

no desprecies nunca el caos

de aquellos que dudan de ti;

quizás sus quejas contengan

aquellas preguntas que siempre

anduviste buscando.

 

quizás son aquellos que sufren

quienes muestran la luz desde la sombra

por puro deseo de hallar

una visión más clara

de su interior en penumbra.

 

Andrea Aguirre, de “Mujer frente al caos” (La Penúltima Editorial, 2017).


“Que seas cadáver”, un poema contra la violencia de género

Hoy es el Día internacional contra la violencia de género. En Pamplona nos adelantamos una semana y realizamos nuestra cita anual de Artistas por Juárez en El Bosquecillo para dar voz a las víctimas del feminicidio, para traer a primer plano su recuerdo y cómo no, este año, inmersas como estamos en la vorágine del juicio por la violación de la manada en Sanfermines en nuestra propia ciudad, no necesitamos irnos lejos para condenar la violencia de género. Desgraciadamente tenemos nuestras propias víctimas. También en enero fue asesinada por su pareja Blanca Marqués y arrojada por el puente de piedra de Arre envuelta en una alfombra, en plenas inundaciones.

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Durante el acto Artistas por Juárez en Pamplona.

 

Yo participé con dos poemas: con uno en memoria de esta víctima mortal de la violencia y con otro nacido de la indignación y de la rabia de saber el calvario que está viviendo la víctima de la manada.

 

Que seas cadáver

 

 Un dedo que te apunta y que no ve.

Hay sangre en tu memoria y no la ve

pero dispara hacia ti el dedo de la culpa

no a los asesinos, sino a ti.

 

Porque ellos han matado tanto:

la brisa en las sienes, el brillo de las tardes al sol,

el murmullo de las hojas y el vuelo del ave,

el canto del agua que fluían en tu ser.

 

Pero quieren un cadáver para reconocer que hay muertes.

Quieren ver tu cadáver, tendido en el portal.

Entonces, sí. No hay duda. Si hay cadáver, hay muerte. Entonces, hay asesino.

Y hasta entonces, las sospechas caen sobre ti como lluvia ácida.

Una muerta, quieren.

Hasta el levantamiento de cadáver,

ni compasión ni vergüenza.

 

Itziar Ancín


“Veleros que parecen gaviotas”, de Tere Irastortza

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La poeta guipuzcoana Tere Irastortza,  en Tabakalera.

La poeta Tere Irastortza (Zaldibia, 1961) ha publicado este verano el poemario bilingüe en castellano y en euskera Veleros que parecen gaviotas dentro de la colección Planeta Clandestino de Ediciones del 4 de Agosto. Y tuve el placer de compartir con ella presentación y lectura de poemas en Logroño, la capital poética del verano, en el festival Agosto Clandestino.

Su último libro es una selección del poemario Mundua betetzen zenuten (Colmábais el mundo), editado por Pamiela en 2015, en que plasma aquello que no puede expresarse sino rompiendo el lenguaje y traspasando el umbral de lo vivido desde la fragilidad.

Algunos de los poemas de este libro son profundamente conmovedores. Otros son breves destellos, pinceladas de luz y emoción, que explican más allá de la lógica y de lo visible, aquello que no está en los diccionarios ni en los tratados científicos porque allí no tiene cabida.

Tere Irastortza cuenta con una extensa y reconocida obra poética en euskera. Recibió el Premio de la Crítica de España en 2004 y fue finalista del Premio Nacional de Poesía por su poemario Glosak. Esana zetorrenaz (Glosas. Sobre lo que estaba dicho; Pamiela, 2003).

Por otra parte, ha traducido al euskera poemarios de Marià Manent, Edmond Jabès y Marina Tsvietaieva. También ha participado en la creación de varias revistas literarias y es colaboradora habitual de la revista Argia. Su gran inquietud y compromiso con las letras le ha llevado también a crear la Escuela de Escritores de Bergara, en la que es directora y profesora.

 

Más abajo comparto uno de los poemas de su último libro:

Transformaciones

Vaya, finalmente tu móvil se ha estropeado,
por supuesto, cuando más necesario era, aunque con todo y de alguna manera
sabrás amoldarte, insertándole alguna tarjeta en desuso
y reanudarás lo que abandonaste la víspera;
de modo que aun a trancas y barrancas, persistes, otro poco.

En otra ocasión, vuelves a perder el mando,
digo, el chisme ese que abre el garaje
y sin detenerte a buscarlo,
optas por dejar el auto fuera,
pues total, ya ha pasado el invierno
y el tiempo parece que no se presentará ni tan malo,
y es que, además, tarde o temprano, y cuando menos te lo imagines,
esa llave acabará por aparecer en algún bolsillo.

Y en esas, en un estrecho pasaje,
te asustas, acabas de escorarte hacia una pared
y de perder el espejo derecho.
Y aunque para conducir no hay que girarse constantemente,
y basta con mirar hacia delante,
te amoldas y continúas avanzando, vigilando siempre, eso sí, los laterales;
la cuestión no es otra que seguir avanzando.

Hasta que, en una de éstas, el móvil estropeado,
el auto siempre fuera del garaje y sin espejo derecho,
te encuentras vigilando la parte posterior desde el retrovisor.

Según avanzas
presientes que la muerte desea adelantarte.
Vas siguiendo a una ambulancia, recuérdalo…
Acéptalo, ha muerto tu padre.

Acepta
que es por eso por lo que ni recuerdas dónde queda el próximo restop
en el que pudieras detenerte y romper a llorar.
De una tarea a otra,
es imposible abandonar el carril de aceleración que te expulsa
del mundo que amas,
y una vez más,
habrás de llorar en el auto.

Y acéptalo, de una vez,
eres una mujer que llora en el auto,
y es que aunque el camino la conduzca
ha perdido el rastro.

Tere Irastortza, Veleros que parece gaviotas (Colección Planeta Clandestino. Ediciones del 4 de Agosto, 2017)