“Dentro del animal, la voz” de Olvido García Valdés

OlvidoGValdes

Olvido García Valdés.

Hace tres veranos conocí en persona a la poeta, traductora y Premio Nacional de Poesía Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, 1950). Fue en Logroño, en el marco del festival Agosto Clandestino.

Tuve la suerte de conversar con ella tras la presentación de su antología Dentro del animal la voz, número 176 de la colección Planeta Clandestino que edita Ediciones del 4 de Agosto. Entonces no sabía que dos veranos más tarde yo misma iba a formar parte de dicha colección.

Me habló de su manera de recopilar poemas para formar un poemario, que no respondía a un concepto previo sino que era posterior a la escritura. Y de la insensatez de ensalzar a poetas demasiado jóvenes para tener la suficiente calidad literaria. Ella publicó su primer poemario a los 36 años. Y además de recibir numerosos premios y ser traducida a multitud de idiomas, en la actualidad es Directora General del Libro y Fomento de la Lectura.

A continuación, una selección de poemas de la antología Dentro del animal la voz, (2015colección Planeta Clandestino, Ediciones del 4 de Agosto). Y para seguir con la temática del post anterior, terminamos una vez más con el misterio que encierran los peces dorados y su transparencia:


A
veces falta cierta ordenada
manera. Si se ignora en qué sentido
giran las agujas, se abre abrupto el hueco,
sume los ojos el caracol.
Si, en cambio, se lee que la artista -Agnes Martin-
en sus cincuenta últimos años no miraba la prensa,
o que el artista -Anselm Kiefer- construyó siete
torres, siete altos palacios celestiales y grises
moldeados en cemento, erizados de hierro y
lastrados con plomo -para que puedan al
inclinarse temblar- en una inmensa factoría
abandonada,
uno respira esa
burbuja de calma o aire
o luz del cielo.

(Y todos estábamos vivos)


Girasol
, negro párpado, multiplicada
curva para el deslumbramiento. Somos
solo cautivos,
presencias dentro de otros
que nos llevan. Allá, muy lejos,
el taxista le dijo: discúlpeme,
la ciudad es muy grande, sólo
manejo en las orillas.

(caza nocturna)


Nadaba
por el agua transparente
en lo hondo, y pescaba gozoso
con un pequeño arpón peces brillantes,
amigos, moteados.
Aquella agua tan densa, nadar
como un gran pez; vosotros,
dijo, me esperabais en casa.
Pensé entonces en Klee,
en la dorada. Ahora leo:
estás roto y tus sueños
se cuelan en tu vida, esa sensación
de realidad es muy fuerte; estas pastillas
te ayudarán.
Dorado pez,
dorada de los abismos, destellos
en lo hondo. Un sueño subterráneo
nos recorre, nos reúne,
nacemos y morimos, mas se repite
el sueño y queda el pez,
su densidad, la transparencia.

(Antonio Gamoneda, Jerónimo Salvador)

(caza nocturna)

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Rilke y el lenguaje de los peces

Rilke

El poeta Rainer María Rilke.

Rainer Maria Rilke (Praga, 1875) es uno de los grandes poetas de magia y misterio en lengua alemana, admirado por sus Elegías de Duino y sus Sonetos a Orfeo. En prosa destacan Los cuadernos de Malte Laurids Briggeas y las Cartas a un joven poeta, con esas frases lapidarias y certeras que resulta difícil olvidar.

Hace unos días, la poeta Tere Irastortza me enviaba unos versos extraídos de su edición de Sonetos de Orfeo de 1987, “mil veces leída, subrayada y llena de papelitos”, según sus propias palabras. Al abrir el libro al azar en busca de inspiración al final de los sonetos, en la página 193, se topa con un poema cuyos versos se cruzan misteriosamente con mis propios símbolos poéticos más personales y arraigados: el lenguaje mudo de los peces.

XX

Entre los astros, qué lejos, y no obstante cuánto más lejos

lo que aprendemos de aquí.

Uno, pongamos por caso, un niño… y alguien cercano, otro

oh qué inabarcablemente alejados.

Destino, nos mide tal vez con el palmo del ser

y nos parece extraño;

piensa cuántos palmos tan sólo entre hombre y muchacha,

cuando ella lo evita y a él se refiere.

Todo está lejos, y en parte alguna se cierra el círculo.

Mira en la fuente, en mesa alegre, dispuesta,

extraño es el rostro del pez.

Los peces son mudos…, se pensó alguna vez.  ¿Quién sabe?

¿No hay, sin embargo, al final un lugar donde aquello que fuera

la lengua del pez se hable sin ellos?

Rainer María Rilke, Sonetos de Orfeo


Antonio Praena teje tiernos nudos de memoria

praena

El poeta Antonio Praena.

El poeta Antonio Praena (Granada, 1973) participó la semana pasada en el festival Agosto Clandestino de Logroño, junto a la también poeta Ana Gorría. Praena logra esa aparente sencillez tan difícil de lograr. Y la combina con esa emoción inolvidable de las grandes voces y los grandes poetas.

Ha publicado los libros “Humo verde” (Accésit Premio de Poesía Iberoamericana Víctor Jara 2003), “Poemas para mi hermana” (Accésit Premio Adonáis 2006), “Actos de amor” (Premio Nacional de Poesía “José Hierro” 2011), “Yo he querido ser grúa muchas veces” (Premio Tiflos 2013. Visor) e “Historia de un alma” (Premio de poesía “Jaime Gil de Biedma” 2017 y Premio Andalucía de la Crítica 2018).

Comparto uno de los poemas que recitó y que recoge “Entre el cielo y la tierra”, el número 210 de la colección Planeta Clandestino de Ediciones del 4 de agosto.

 

Toma en tus manos
este jersey tejido en nudos de memoria.

Consérvalo, porque algún día
recordarás las manos desgastadas
que lo tejieron en las noches de tu infancia.
Y no podrás volver. Y tendrás frío
cuando descubras que vivir
a veces es llorar.
Abrígate con el amor que en el jersey está trenzado:
lo que nos quita el tiempo
ha sido el tiempo quien lo ha urdido
en formas misteriosas y sencillas
que hilvanan nuestras vidas a otras tramas.
Es imposible amar fuera del tiempo,
nada infinito hay que se alcance sin su hebra
aunque la hechura de su amor
nos muestre su belleza en sacrificio
sólo al perder a quien más hondo nos ha amado.
No pienses, como Eliot,
que sólo el tiempo vence al tiempo,
porque el tiempo es invencible.
Más bien realiza hazañas cotidianas:
piensa en mamá, aprende a tricotar
tus horas en ofrenda:
-punto de arroz,
ochos perdidos,
espigas que se cruzan
con las agujas de la vida…-

Ponte el jersey
y teje otro jersey para tus hijos.

Humo verde
Accésit Premio Iberoamericano Víctor Jara
Amarú. Salamanca 2003


Las dagas de Ben Clark

La búsqueda de un planeta perdido entre las órbitas de Marte y Júpiter, combinando ciencia y superstición. Dando pasos en la noche del universo tras Ceres, el planeta enano, a golpe de intuición poética. “Hay un patrón furtivo en la mecánica que promete presencias”, dice Ben Clark (Ibiza, 1984) . Aquí, “las matemáticas sugieren y la poesía certifica”, “la noche es negra y densa y las alternativas dan demasiado miedo”, dice el poeta.

 

BenClark

El poeta ibicenco Ben Clark.

Poemas que van más allá, desde los asideros poéticos más tangibles: una casa, un paisaje de la infancia o el momento presente, tenebroso y radiante a un tiempo. Un libro de amor, como son de amor, según él, todos sus poemas.

Ben Clark es el último galardonado con el premio de poesía de la Fundación Loewe por su libro La policía celeste. Un poemario escrito a traición, que esconde una o más dagas entre los peligrosos versos de cada uno de sus poemas-trampa, a los que el lector se enfrenta desnudo y por sorpresa.

En el libro, el poeta dedica unos cuantos versos y algunos de los momentos estelares a su padre: al amor, al gran amor. Un amor conflictivo lleno de diálogos que no suceden. Y después, con el hijo que no nacerá y con la soledad infinita. Para levantar finalmente la vista y mirar a las estrellas.

Su lenguaje es claro, directo, despojado de palabras y metáforas grandilocuentes. Y esas afiladas y finísimas dagas, esparcidas entre las páginas del libro de manera calculada, aciertan en la diana y se clavan una a una en el corazón de quien las lee con un corte limpio por el que entran a raudales la emoción y la ternura.

Clark es también autor del poemario Los hijos de los hijos de la ira (2006) con el que ganó el premio Hiperión en 2005. Larga a vida a sus letales y celestes versos.

 

LOS ROTOS (CON ANNE SEXTON)

Todas las divisiones son mentira
salvo la que divide los cuerpos en dos
grupos incomprensibles entre sí.
Aquellos que se han roto y los que no.
Los rotos no pedimos demasiado:
que se nos quiera, sí,
que los que no han vivido la fractura
tengan paciencia
si mascullamos viendo las noticias
o hacemos el amor
con un poco de miedo.
Entenderás, entonces, ciertas cosas.
Por qué en casa las tazas no se tiran
y por qué a veces quiero
estar solo después de que suene un portazo.
Los ritos de los otros, amor mío.
Ademanes que espero que no comprendas nunca.

 

POKER FACE

oh, oh, oh, oh, oh, oh-oh-e-oh-oh-oh
Lady Gaga

Habla con niños que no existirán.
Pasea por la orilla de los ríos cantando
canciones pegadizas de adolescentes yanquis
y luego vuelve a casa, donde escribe poemas
de amor con versos clásicos y nunca
menciona las canciones ni a los niños
intangibles. Escribe sobre cosas amables
y se pregunta, a veces, si acaso lo peor
que te puede pasar
es morir solo.

 

CERES

Admiro a los amigos que hacen pan
y los cuido y protejo con conjuros
inventados, escribo
poemas en su honor y, si se mudan,
vendo mi biblioteca y doblo mal
la ropa y la introduzco
en bolsas de basura y voy con ellos,
a su barrio, a su calle,
a su mismo edificio si es posible,
y así me dan el pan, el pan que han hecho
esta mañana, anoche, ayer, no importa,
tierno siempre, caliente aunque esté frío.
El pan. Y mis amigos me comprenden
y no se espantan, saben que no sé,
que no puedo, que nada
me gustaría más que no tener
que molestarlos siempre con el mismo
cuento; el pan, vuestro pan, me da la vida,
hace que me arrepienta y que me alegre
a la vez del tratado que firmamos
mucho antes de nacer: habrá personas
fecundas que harán pan, que enseñarán
a sus hijos el truco y que no tienen
a cambio que hacer nada.

Y habrá personas huecas como yo,
hijos sin hijos, nombres moribundos,
que a cambio de una pizca de ese amor
tendrán que proteger a los que saben,
cuidarlos siempre, amar a los que saben
y no pedirles nunca lo que es suyo
y agradecer las migas cuando falte
el pan, y ser amigo cuando no
haya nada de nada y sólo queden
palabras sobre el pan, y si eso ocurre
ser abrazo de roca y ser su barca,
porque esa es su tarea, la tarea
de un hombre que no puede y que no sabe,
pero que ama y comprende los milagros.

 

Ben Clark
La poesía celeste, XXX Premio Internacional de Poesía Fundación LOEWE

 

 

 

 

 


Emily Brontë, luz y espejo de Emily Dickinson

Emily_Brontë_by_Patrick_Branwell

Retrato de Emily Brontë, realizado por su hermano Branwell.

No coward soul is mine, No trembler in the world’s storm-troubled sphere (No es cobarde mi alma, ni tiembla en la atormentada esfera del mundo) son los  primeros versos de un poema que une a dos escritoras fascinantes: la inglesa Emily Brontë (1818-1848), su autora, y la norteamericana Emily Dickinson (1830-1886), quien lo eligió para ser leido en su propio funeral.

Ambas tuvieron en común una vida de  soledad e independencia. Además, tanto las hermanas Brontë como Dickinson, perdieron a su madre siendo niñas, y apenas recibieron educación formal.

Charlotte describió a su hermana Emily, autora de la novela gótica Cumbres borrascosasa solitude-loving raven, no gentle dove. Es decir, un cuervo amante de la soledad, no una paloma dulce. Algunos estudiosos se aventuran a decir que le diagnosticarían Aspergen, síndrome popularizado por el cómico personaje de Seldom en Big Bang Theory.

Cuando Charlotte descubrió los poemas de Emily, insistió en que los publicara. Pero parece ser que a Emily le horrorizaba la idea. Dado que la familia tenía problemas económicos, finalmente  accedió. 

De hecho, los poemas de las tres hermanas (Charlotte, Emily y Anne),  fueron publicados conjuntamente en 1846. Como no se consideraba que la literatura fuera una ocupación propia de mujeres, las tres firmaron con seudónimos masculinos. Ellas mismas pagaron al editor y enviaron ejemplares a poetas de su época, incluido el romántico Wordsworth, pero no recibieron ninguna respuesta.

Emily Brontë pasó a la historia de la literatura victoriana por su novela, pero falleció a los 30 años y no pudo por tanto seguir madurando en su proceso de creación, ni en novela ni tampoco en poesía. De no haber sido así, bien podría haber trascendido también en este género.

Al otro lado del Atlántico, Emily Dickinson fallecía el 15 de mayo de 1886, fecha de la que acaban de cumplirse 132 años. Y fue, según se cuenta, No coward soul, de la inglesa Emily Brontë, el poema que escogió para ser leido en su funeral. Una Emily poderosa y radiante, mirándose en el reflejo del espejo cristalino de la otra.

Se trata de uno de los últimos poemas que Brontë escribió antes de su aclamada novela, y representa la intensidad, la autoridad rotunda y el tono inmortal del que bebería Dickinson. Más abajo puede leerse el mítico poema en inglés. No incluiré una versión en español ya que no he encontrado una traducción a la altura del texto original, pero seguiré buscándola.

Ambas poetas comparten la intensidad y la pureza de un lenguaje directo y redondo, y además de la rotundidad de sus versos, la fuerza y valentía de tomarse a sí mismas en serio como escritoras, en unos tiempos en los que ser mujer e identificarse como tal ante el mundo era toda una heroicidad.

 

No Coward Soul Is Mine

No coward soul is mine 
No trembler in the world’s storm-troubled sphere 
I see Heaven’s glories shine 
And Faith shines equal arming me from Fear 
 
O God within my breast 
Almighty ever-present Deity 
Life, that in me hast rest, 
As I Undying Life, have power in Thee 
 
Vain are the thousand creeds 
That move men’s hearts, unutterably vain, 
Worthless as withered weeds 
Or idlest froth amid the boundless main. 
 
To waken doubt in one 
Holding so fast by thy infinity, 
So surely anchored on 
The steadfast rock of Immortality. 
 
With wide-embracing love 
Thy spirit animates eternal years 
Pervades and broods above, 
Changes, sustains, dissolves, creates and rears 
 
Though earth and moon were gone 
And suns and universes ceased to be 
And Thou wert left alone 
Every Existence would exist in thee 
 
There is not room for Death 
Nor atom that his might could render void 
Since thou art Being and Breath 
And what thou art may never be destroyed. 
Emily Brontë

“Cardelinas”, un “Grito de mujer” para Asun Casasola

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Durante el recital Grito de mujer 2018, en el Planetario de Pamplona

El pasado 1 de marzo, el Planetario de Pamplona acogió el recital “Grito de mujer” que se celebra en numerosos países de todo el mundo en contra de la violencia de género. En esta ocasión, además de poetas, participaron en el acto cantantes, artistas plásticos y una bailarina.

La temática de este año eran las madres que han perdido a su hija por culpa de la violencia de género. Por esta razón escribí un poema a Asun Casasola, madre de Nagore Laffage: esa madre coraje que ha luchado para que no se olvidara la historia de su hija, asesinada como tantas, por ser mujer.

Hace ya diez años de su asesinato a manos de José Diego Yllanes, y en junio tendrá lugar un acto para recordar aquellos hechos a raíz de los cuáles escribí, hace ya 5 años, el poema Ausencia. Cardelinas va dirigido a su madre y a todas las madres que han pasado por algo semejante.

 

Cardelinas                                       

A Asun Casasola;
a todas las madres

Vivaz cardelina que vuela por encima del sol,

que cubre con sus trinos la piel del mar.

¿Dónde quedaron sus 20 años?

Era tan igual a ti.

Todo se lo diste.

 

Luz incandescente que alumbra tu hogar

incluso hoy

diez años después de que el cazador

partiera su cuerpo delicado, su canto radiante

luz de tu casa.

 

Y todo este tiempo

has sostenido en tus manos

las flores hermosas de su alma

has paseado su luz y su canto que fluyen por las calles

a través de ti.

 

Has alzado tu voz

para que pueda oírte este mundo cretino

que disculpa al cazador

y sospecha de las alas

del pájaro que vuela.

 

Itziar Ancín


Palabras de Pablo Müller contra el miedo

Contra el miedo

El primer poemario de Javier Bermúdez.

Pablo Müller (heterónimo de Javier Bermúdez) firma un poemario lleno de emoción y conciencia social que se titula Contra el miedo (Amargord, 2015). El libro lleva en la portada una cautivadora foto en banco y negro de su álbum familiar: una hilera de mujeres jóvenes que atraviesa el río entre risas.

Hace unas semanas el poeta bilbaíno nos visitó en Pamplona y compartimos de nuevo en el Bosquecillo los versos que nos conmovieron ya hace dos veranos en el festival poético Voces del Extremo de Moguer, cuna de Juan Ramón.

Javier Bermúdez es también autor del blog literario Papeles de Pablo Müller, del poemario online Los cuadernos del duelo de Pablo Müller y del Cuaderno de tareas extraordinarias (A Fortiori, 2017), un libro objeto, de una mimadísima encuadernación, que incluye fotos del autor, a medio camino entre la poesía y el diario.

A continuación, uno de los poemas más reveladores de Contra el miedo, o cómo emocionar con palabras, al explicar que la palabra nunca es suficiente:

 

«Somos personas, no cabemos en ninguna palabra.»

Antonio Orihuela

Víctor Ortiz trabajaba en la mina de hierro que arrancó el brazo al hijo Julián, ¿entra en la palabra minero? ¿en la palabra dolor? ¿culpar puede ser un verbo reflexivo?

Marcelina Conde recogía las patatas de la huerta pequeña, rojas y negras, de pólvora y pimienta, para repartirlas luego.

Alfred Nobel pasó junto a aquel lugar, a cada explosión,aullido,  herido, viuda, ganaba más dinero.

Aurelio de Villarroel recibió a Alfonso Borbón, el trece, al pie del andén del ferrocarril nuevo. Unas calles más allá, Pascual Pineda moría, a los 23, olvidado por la familia que le siguió. Fueron juntos a la escuela ¿entra en la palabra jornalero?

Manuela López su madre, ¿entra en la palabra pan?

Francisco Pineda su padre, ¿entra en la palabra trigo? ¿en la palabra obediencia?

Benigno Valencia hacía la guardia en el monte dormido. Le dijeron que esperara a Don Carlos. Nunca llegó, ¿entra en la palabra alfarero?

Florentina Corres dejó dos fotografías con el traje del domingo, ¿entra en la palabra tierra?

Manuel Bermúdez vendió las huertas y cogió el camino hacia el mar, ¿entra en la palabra fracaso?

Lorenza Díez cambió bierzo por lluvia. Murió joven con el miedo. Severo, su hijo, de retirada del Kalamua entró en Gernika de abril abrasada.

Sus relatos construyen los nuestros. ¿Entramos en la palabra contar? ¿Hay memoria para tanta vida?

Pablo Müller, Contra el miedo (Amargord, 2015)